@ajirlyiq: نزل تطبيق اجرلي واحجز الآلاف من المزارع في العراق #تطبيق_اجرلي #اجرلي #ajirly

اجرلي _ Ajirly
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Wednesday 08 July 2026 11:21:00 GMT
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Comments

margaret.madera
ام ريم :
احلئ مزرعه انصحكم تروحولها
2026-07-09 13:47:53
3
mwe2e
بنت البصرة :
مزرعة جميرا شنو
2026-07-12 20:25:59
0
om.farah061
Om Farah :
تخبل😍😍
2026-07-12 20:07:44
0
user3815839394651
ملكه الثلج :
وين المكان
2026-07-12 10:59:30
0
haidarbhaa
موهيتو ( يريد يلعب هولو نايت) :
زين سؤال نكول ااي بالمسبح جانوا يلعبون و اجة مي على كعدة
2026-07-08 15:13:57
3
ibrahimalfaisalawi
أم أسحاق🇮🇶. :
هاي وين
2026-07-11 23:54:06
0
r.m.tu
ليـᬼ🌒⑅⃝ـᬼــالي الـᬼ🤍⑅⃝ـᬼقمر :
وين هاي مزرعة
2026-07-11 22:13:38
0
alsssahrd2
علاء الكعبي :
هاي الأجواء احلى
2026-07-11 10:13:15
1
ajirlyiq
اجرلي _ Ajirly :
نزل تطبيق اجرلي
2026-07-08 14:54:23
1
rgg2152
انين الصمت :
بلا زحمة شكد الايجار يعني الدفع
2026-07-10 22:41:07
0
seamandhussam5
سيو :
وين المكان
2026-07-10 23:13:43
0
meme82703
Sh🌹🌹❤️ :
عود احنه هم عدنه جميرا بنجف تلعب نفس 😂
2026-07-10 12:56:23
1
ovo56m
❀ 𝓓𝓾𝓪𝓪 ❀ :
طلكني وخلي روح للمزرعه😂
2026-07-10 16:07:50
0
user5134517256308
كاكا :
وين هاي
2026-07-10 10:51:45
0
czzg.7
˼♯̶غـيـروك✈🇨🇵✘˹: :
عمي شني هاي
2026-07-08 15:02:46
0
ze._.q
um albnat :
تحنن عن تجربه
2026-07-10 08:48:24
0
enas7731
Enas Alsouz أنو :
كلش نظيفه بالصويره وبصفها مزرعه اشترينا منها بيض والبان طبيعيه
2026-07-10 07:17:59
0
zasdfg1234
𐙚 :
بيا محافظه واشكدت
2026-07-08 22:44:32
0
user4958418231065
ام فوفة :
للي يسأل عليه بالصويرة ع مااعتقد هذه المزرعة
2026-07-12 20:36:27
0
nonahk1
نتالي :
وين مكان
2026-07-08 15:48:22
0
mer_tn8
تسواهـنّ || 𝙏𝙃𝙎𝙔𝙉 • :
😁😁😁😁😁
2026-07-10 18:59:09
0
a_sxz13
👑Asu 🦋 :
😂🌹🥹
2026-07-11 20:06:17
0
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Mi hermana me vio regresar a la casa familiar con una camioneta rentada y una sonrisa de lástima, como si yo hubiera metido mi fracaso por la puerta principal. Lo peor no fue su burla; fue que mi mamá se quedó parada junto a ella, callada, dejándome entender que en esa casa mi caída también era un espectáculo. La camioneta de mudanza se veía ridícula frente al portón blanco del fraccionamiento. Era una de esas tardes pesadas de mayo en las que el calor se queda pegado en la nuca. El motor acababa de apagarse y todavía vibraba el volante bajo mis dedos. Olía a cartón, plástico caliente y al café aguado que había comprado en carretera y que ya sabía a derrota. Maribel salió primero. Traía un pantalón de lino color marfil, copa de vino blanco en la mano y esa postura de mujer que no camina: aparece. Mi hermana mayor siempre había sabido ocupar un espacio como si le perteneciera por derecho divino. Me miró de arriba abajo, luego miró la camioneta naranja. —Ay, Nora —dijo, levantando apenas la copa—. ¿Fracasaste en la vida tan rápido? No gritó. No hizo falta. La vecina de enfrente movió tantito una cortina. Mi mamá, detrás de Maribel, soltó una risa chiquita, de esas que se disfrazan de carraspeo para no parecer crueles. Yo bajé de la cabina con las piernas entumidas. —Hola, Mari. —No me digas “Mari” con esa voz de víctima. Pudiste avisar que venías con todo el símbolo incluido. —¿Símbolo? Señaló la camioneta. —La derrota con llantas. El aire se me atoró en el pecho, pero no le regalé la reacción que estaba esperando. Sólo fui a la parte de atrás y levanté la cortina metálica. El ruido hizo que un perro ladrara en alguna casa cercana. Mis cajas estaban apiladas con etiquetas negras: COCINA, ROPA, LIBROS, OFICINA. Mentiras útiles. La caja que decía COCINA llevaba adentro una carpeta ignífuga con documentos bancarios, copias notariales y papeles que habían costado seis meses de insomnio. La caja que decía LIBROS traía mi laptop vieja, dos discos duros y un sobre cerrado que todavía me dolía tocar. Maribel se acercó lo suficiente para que su perfume caro aplastara el olor a polvo. —¿Quieres ayuda? —preguntó, con el tono exacto de quien espera que digas que no. —Puedo sola. —Qué bueno. Mi espalda anda fatal desde pilates. Mi mamá bajó los escalones con su suéter crema sobre los hombros, aunque hacía calor. Elaine Whitaker siempre había creído que la decepción debía verse elegante. —Nora —dijo. No “hija”. No “mi amor”. Sólo mi nombre, con un suspiro pegado. Me tocó el hombro con dos dedos, como si revisara una tela en una tienda. —Debes estar agotada. —Un poco. Maribel tomó una caja pequeña y leyó la etiqueta. —OFICINA. Qué optimista. Mi mamá bajó la mirada. Y ahí estaba el viejo golpe, intacto. La misma sensación de cuando tenía diecisiete años y Maribel rompió el florero de mi abuela, pero yo fui quien terminó pidiendo disculpas porque “tu hermana está muy sensible”. En esta familia, Maribel nunca hacía daño. Sólo reaccionaba. Los demás aprendíamos a sangrar en silencio. —El cuarto de servicio está limpio —dijo mi mamá. Yo levanté la vista. —¿El cuarto de servicio? Maribel sonrió contra la copa. —Bueno, técnicamente no es de servicio. Tiene ventana. Chiquita, pero ventana. —Pensé que usaría mi cuarto. —Tu cuarto ahora es mi estudio de yoga —dijo Maribel—. Además, no vas a necesitar tanto espacio, ¿no? Digo, vienes empezando de cero. La caja en mis brazos pesaba más por lo que guardaba que por el cartón. Respiré despacio. —Está bien. Maribel parpadeó, decepcionada de que no hubiera pelea. Durante dos semanas, me dejaron desayunar en la barra mientras ellas hablaban de mí como si yo fuera un gasto nuevo. Maribel dejaba recibos sobre la mesa con suspiros teatrales. Mi mamá preguntaba, sin verme, si ya había “mandado currículums”. Una tarde, encontré mis zapatos movidos al garaje porque, según Maribel, “la entrada no podía parecer bodega”. Yo seguí callada. No por débil. Por precisión. #pretty #prettybaby #prettylove #prettygirl
Mi hermana me vio regresar a la casa familiar con una camioneta rentada y una sonrisa de lástima, como si yo hubiera metido mi fracaso por la puerta principal. Lo peor no fue su burla; fue que mi mamá se quedó parada junto a ella, callada, dejándome entender que en esa casa mi caída también era un espectáculo. La camioneta de mudanza se veía ridícula frente al portón blanco del fraccionamiento. Era una de esas tardes pesadas de mayo en las que el calor se queda pegado en la nuca. El motor acababa de apagarse y todavía vibraba el volante bajo mis dedos. Olía a cartón, plástico caliente y al café aguado que había comprado en carretera y que ya sabía a derrota. Maribel salió primero. Traía un pantalón de lino color marfil, copa de vino blanco en la mano y esa postura de mujer que no camina: aparece. Mi hermana mayor siempre había sabido ocupar un espacio como si le perteneciera por derecho divino. Me miró de arriba abajo, luego miró la camioneta naranja. —Ay, Nora —dijo, levantando apenas la copa—. ¿Fracasaste en la vida tan rápido? No gritó. No hizo falta. La vecina de enfrente movió tantito una cortina. Mi mamá, detrás de Maribel, soltó una risa chiquita, de esas que se disfrazan de carraspeo para no parecer crueles. Yo bajé de la cabina con las piernas entumidas. —Hola, Mari. —No me digas “Mari” con esa voz de víctima. Pudiste avisar que venías con todo el símbolo incluido. —¿Símbolo? Señaló la camioneta. —La derrota con llantas. El aire se me atoró en el pecho, pero no le regalé la reacción que estaba esperando. Sólo fui a la parte de atrás y levanté la cortina metálica. El ruido hizo que un perro ladrara en alguna casa cercana. Mis cajas estaban apiladas con etiquetas negras: COCINA, ROPA, LIBROS, OFICINA. Mentiras útiles. La caja que decía COCINA llevaba adentro una carpeta ignífuga con documentos bancarios, copias notariales y papeles que habían costado seis meses de insomnio. La caja que decía LIBROS traía mi laptop vieja, dos discos duros y un sobre cerrado que todavía me dolía tocar. Maribel se acercó lo suficiente para que su perfume caro aplastara el olor a polvo. —¿Quieres ayuda? —preguntó, con el tono exacto de quien espera que digas que no. —Puedo sola. —Qué bueno. Mi espalda anda fatal desde pilates. Mi mamá bajó los escalones con su suéter crema sobre los hombros, aunque hacía calor. Elaine Whitaker siempre había creído que la decepción debía verse elegante. —Nora —dijo. No “hija”. No “mi amor”. Sólo mi nombre, con un suspiro pegado. Me tocó el hombro con dos dedos, como si revisara una tela en una tienda. —Debes estar agotada. —Un poco. Maribel tomó una caja pequeña y leyó la etiqueta. —OFICINA. Qué optimista. Mi mamá bajó la mirada. Y ahí estaba el viejo golpe, intacto. La misma sensación de cuando tenía diecisiete años y Maribel rompió el florero de mi abuela, pero yo fui quien terminó pidiendo disculpas porque “tu hermana está muy sensible”. En esta familia, Maribel nunca hacía daño. Sólo reaccionaba. Los demás aprendíamos a sangrar en silencio. —El cuarto de servicio está limpio —dijo mi mamá. Yo levanté la vista. —¿El cuarto de servicio? Maribel sonrió contra la copa. —Bueno, técnicamente no es de servicio. Tiene ventana. Chiquita, pero ventana. —Pensé que usaría mi cuarto. —Tu cuarto ahora es mi estudio de yoga —dijo Maribel—. Además, no vas a necesitar tanto espacio, ¿no? Digo, vienes empezando de cero. La caja en mis brazos pesaba más por lo que guardaba que por el cartón. Respiré despacio. —Está bien. Maribel parpadeó, decepcionada de que no hubiera pelea. Durante dos semanas, me dejaron desayunar en la barra mientras ellas hablaban de mí como si yo fuera un gasto nuevo. Maribel dejaba recibos sobre la mesa con suspiros teatrales. Mi mamá preguntaba, sin verme, si ya había “mandado currículums”. Una tarde, encontré mis zapatos movidos al garaje porque, según Maribel, “la entrada no podía parecer bodega”. Yo seguí callada. No por débil. Por precisión. #pretty #prettybaby #prettylove #prettygirl

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