@finanz_ia: Formas poco éticas de ganar fockin dinero. Parte 113. #finanzas #mexico #eeuu

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Tuesday 14 July 2026 22:18:18 GMT
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Comments

mr.mad15
MR.MAD :
eso no es éticamente incorrecto
2026-07-14 22:27:35
2
alejandro.blessing
Alejandro Martinez A :
Eso no funciona tan fácil. Porque para hacer contratos. Y más con compañías grande debe de sacar una LLc y registrar el negocio de limpieza y poner un seguro para tu empresa
2026-07-16 23:48:11
4
el.hijo.de.rey.7
El Hijo de Rey 7 :
Eso falsos eso no se puede eso es imposible
2026-08-22 20:15:53
0
alanzurit4
Alanzurit4 :
es imposible ya q estás sobreponiendo dos empresas y cuando revisan el contrato de los trabajadores se interpone 2 empresas
2026-08-24 17:12:22
0
user62131510720491
charro vengador recargado :
Eso solo sucede en usa en mexico es imposible
2026-08-21 03:18:56
0
hugos192
Hugos SE :
No he encontrado una página correcta para que me aviente esos contratos. Como le hago.
2026-07-15 18:31:38
1
vostoklobo
vostoklobo :
en España por favor
2026-08-27 10:53:15
0
eltiti.505
eltiti_lnl_oficial🇳🇮 :
Eso solo funciona en España
2026-08-19 20:26:29
0
sophiachaves71
Sophia 🌼 :
Has sido una luz en medio de momentos difíciles. Gracias de corazón. @Marta Fernández
2026-07-15 15:10:56
1
sebastin.ortiz762
Sebastián Ortiz :
Tu forma de motivar y enseñar es simplemente excepcional, gracias.@Marta Fernández
2026-07-15 12:57:22
1
hauten22
hauten22 :
🥰🥰🥰
2026-08-06 11:42:19
0
marcioflores579
marcioflores579 :
🤔🤔🤔
2026-08-14 05:42:35
0
emmarojas038
Emma 🏝 :
Eres un ejemplo de esfuerzo, disciplina y compromiso. @Marta Fernández
2026-07-15 17:01:27
0
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Mi marido tuvo un hijo con su amante… y yo esperé a que naciera para dejarlo por otro 😂 Me llamo Sofía y todo comenzó con un mensaje que todavía recuerdo palabra por palabra. Estaba en mi casa cuando recibí un WhatsApp de un número desconocido. —Buenas tardes, Sofía. Yo sé que no me conoces, pero yo a ti sí. Para ser directa: estoy embarazada de tu marido. Solo quiero que sepas que, por el bien del bebé, me dejes ser feliz con él. Él a la casa no va a regresar más, solo a buscar la ropa y voy con él. Por el bien de mi bebé no quiero problemas. Fue algo que se nos salió de las manos. Espero entiendas. Lo leí dos veces. Después miré a mi marido, que estaba en la cocina preparando café como si no estuviera a punto de protagonizar el peor capítulo de mi vida. —¿Estás embarazada? —le pregunté. Me miró. —¿Quién te dijo? —La futura madre de tu hijo. Se quedó pálido. —Sofía… —No te preocupes. No voy a hacer un escándalo. —¿Entonces qué vas a hacer? Sonreí. —Quedarme. —¿Qué? —No te voy a dejar. Mi marido parecía todavía más confundido que antes. —Pero yo… —No importa. Vos hiciste lo que hiciste. Ahora vas a vivir con las consecuencias. Y así comenzó mi pequeña venganza. No lo dejé. No le facilité el divorcio. No me fui de casa. Y tampoco iba a competir con ella. Al contrario. Decidí convertirme en la versión de mí misma que había dejado olvidada durante años. Fui al nutricionista. Volví al gimnasio. Empecé a entrenar como si mi dignidad dependiera de tener abdominales. Llegué a pesar 58 kilos, pero no estaba flaca de esas veces que una parece haber perdido hasta el apellido. No. Estaba fuerte. Puro músculo. Me sentía espectacular. Y empecé a notar algo bastante divertido. Los hombres me miraban. Mucho. Un día salí del gimnasio y un hombre me sostuvo la puerta. —Adelante, hermosa. —Gracias. Cuando llegué al auto pensé:
Mi marido tuvo un hijo con su amante… y yo esperé a que naciera para dejarlo por otro 😂 Me llamo Sofía y todo comenzó con un mensaje que todavía recuerdo palabra por palabra. Estaba en mi casa cuando recibí un WhatsApp de un número desconocido. —Buenas tardes, Sofía. Yo sé que no me conoces, pero yo a ti sí. Para ser directa: estoy embarazada de tu marido. Solo quiero que sepas que, por el bien del bebé, me dejes ser feliz con él. Él a la casa no va a regresar más, solo a buscar la ropa y voy con él. Por el bien de mi bebé no quiero problemas. Fue algo que se nos salió de las manos. Espero entiendas. Lo leí dos veces. Después miré a mi marido, que estaba en la cocina preparando café como si no estuviera a punto de protagonizar el peor capítulo de mi vida. —¿Estás embarazada? —le pregunté. Me miró. —¿Quién te dijo? —La futura madre de tu hijo. Se quedó pálido. —Sofía… —No te preocupes. No voy a hacer un escándalo. —¿Entonces qué vas a hacer? Sonreí. —Quedarme. —¿Qué? —No te voy a dejar. Mi marido parecía todavía más confundido que antes. —Pero yo… —No importa. Vos hiciste lo que hiciste. Ahora vas a vivir con las consecuencias. Y así comenzó mi pequeña venganza. No lo dejé. No le facilité el divorcio. No me fui de casa. Y tampoco iba a competir con ella. Al contrario. Decidí convertirme en la versión de mí misma que había dejado olvidada durante años. Fui al nutricionista. Volví al gimnasio. Empecé a entrenar como si mi dignidad dependiera de tener abdominales. Llegué a pesar 58 kilos, pero no estaba flaca de esas veces que una parece haber perdido hasta el apellido. No. Estaba fuerte. Puro músculo. Me sentía espectacular. Y empecé a notar algo bastante divertido. Los hombres me miraban. Mucho. Un día salí del gimnasio y un hombre me sostuvo la puerta. —Adelante, hermosa. —Gracias. Cuando llegué al auto pensé: "Bueno… parece que el divorcio todavía no está firmado, pero el mercado ya abrió." 😂 Mi marido también empezó a darse cuenta. —Estás muy linda. —Gracias. —¿Para quién te estás arreglando? —Para mí. Y esa respuesta comenzó a molestarlo. Porque esperaba verme destruida. Pero yo estaba cada día mejor. Mientras tanto, la amante seguía embarazada. Y mi marido comenzó a arrepentirse. Una noche se sentó conmigo. —Sofía, sé que hice mal. —Sí. —Pero todavía te amo. Lo miré. —Eso deberías haberlo pensado antes. —Quiero recuperar nuestra relación. Y ahí entendí que mi plan estaba funcionando demasiado bien. Había dejado de perseguirlo. Y ahora él estaba persiguiéndome a mí. Me empezó a invitar a cenar. Me llevaba flores. Me preguntaba cómo había sido mi día. Volvió a tratarme como cuando recién nos conocimos. Y yo aceptaba. Sonreía. Lo escuchaba. Incluso alguna vez lo abracé. Pero por dentro pensaba: "Qué interesante… ahora que me perdió, se acordó de que me quería." Y entonces cometí mi pequeña locura. Conocí a Martín. No estaba buscando enamorarme. Simplemente coincidimos. Un día me ayudó con unas bolsas. —¿Necesitas ayuda? —No, puedo. —Eso dicen todas las mujeres que claramente necesitan ayuda. Me reí. —¿Siempre sos así? —Solo cuando una mujer me gusta. Me quedé mirándolo. Hacía muchísimo que nadie me hablaba así. Empezamos a conversar. Después a tomar café. Después a salir. Y poco a poco me fui enamorando. Mi marido no sabía nada. Mientras él intentaba recuperar mi amor, yo estaba descubriendo lo que se sentía que otro hombre me tratara como una prioridad. Una noche mi marido me dijo: —Siento que estamos volviendo a ser los de antes. Sonreí. —Quizás. —¿Todavía me amas? Lo miré directamente. —No sé. Y él se quedó contento con esa respuesta. Pobre. No sabía que yo ya tenía fecha de vencimiento para nuestro matrimonio. El embarazo llegó a su final. Y finalmente nació el bebé. Mi marido recibió la llamada. Se quedó emocionado. —Ya nació. —Me alegro. —Quiero ir al hospital. —Ve. Me miró sorprendido. —¿No estás enojada? —No. Y entonces hizo algo que terminó de confirmar mi decisión. Me abrazó. —Gracias por seguir conmigo. Yo le devolví el abrazo. Pero no dije nada. Porque esa sería nuestra última noche como pareja. Al día siguiente me arreglé. Me puse

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