Luigüi :
No sé si fue el azar o la misericordia del universo quien te puso en mi camino, pero qué prodigio fue encontrarte. Aunque el tiempo apenas nos concedió unas cuantas horas, en ellas cabía una eternidad. A tu lado la vida parecía escrita por manos invisibles, como si cada instante perteneciera a un antiguo cuento donde los milagros aún ocurren. Desde entonces comprendí que hay encuentros tan breves que bastan para cambiar el rumbo de un corazón.
Aún habitan en mí tus ojos, cafés y hondos como un horizonte donde el alma quisiera descansar; tu piel, clara como la primera luz del alba; tus labios, de un rojo encendido, buscaban los míos como un navío que encuentra el puerto prometido después de atravesar todas las tormentas. Y tus cabellos, encendidos como una llama serena, iluminaban el aire con una belleza que ninguna palabra alcanza a contener.
Te quiero con esa quietud inmensa con la que los árboles abrazan el viento y las estrellas custodian la noche. También te extraño, porque la ausencia es un jardín donde florecen los recuerdos con una fuerza imposible de arrancar. A veces cierro los ojos y vuelvo a caminar contigo; entonces descubro que hay abrazos que sobreviven al tiempo y besos que continúan respirando en la memoria mucho después de haberse marchado.
Si la vida vuelve a regalarme el milagro de mirarte, sabré que algunas promesas nunca mueren. Y si nuestros caminos no vuelven a encontrarse, seguiré llevando tu recuerdo como la más luminosa de mis constelaciones. Porque existen personas que no permanecen por la duración de su presencia, sino por la profundidad de la huella que dejan; tú eres esa poesía que el tiempo jamás podrá borrar.
Luis Figueroa
2026-08-04 01:43:12