oscar YONDA :
Lo que más me llama la atención de este debate es que muchos parecen creer que un hombre, cuando detecta interés, vulnerabilidad o una oportunidad, tiene la obligación de seguir escalando hasta la intimidad. Como si detenerse fuera una anomalía. Como si la ética fuera una derrota.
¿Por qué no quedarse en el café? ¿Por qué no dejar la conversación ahí? ¿Por qué no decir: “Gracias por venir, reviso tu material y te llamamos”? ¿Por qué no evaluar el talento de una aspirante sin convertir esa evaluación en una situación íntima?
Es curioso: a ella le preguntan por qué aceptó el café, por qué aceptó la cerveza, por qué fue al apartamento. Pero casi nadie pregunta por qué él no se quedó en el café. Como si la única conducta masculina imaginable fuera avanzar, insistir, escalar, probar hasta dónde llega. Como si un hombre con experiencia, prestigio y poder no pudiera simplemente abstenerse.
Ese es el mito que me interesa romper. El de que el hombre es un animal incapaz de detenerse cuando aparece una posibilidad. El de que, si una mujer acepta una invitación, el siguiente paso es inevitable. No. Un hombre también puede decir: “Hasta aquí”. También puede proteger el límite entre lo profesional y lo íntimo. También puede elegir no aprovechar una situación.
Porque si de verdad creemos que los hombres no pueden hacer eso, entonces el problema no es el feminismo: es la idea miserable de masculinidad que estamos defendiendo.
2026-08-04 15:01:17