@razanelk: My favourite top at the moment 🤍 A great basic that can be dressed up or down. This a great addition and will become an key wardrobe piece. Wearing size Small #nicetop #tiktokshop #outfitinspo #tiktokshopfinds #outfit

Razan El k
Razan El k
Open In TikTok:
Region: GB
Monday 03 August 2026 10:30:00 GMT
9373
193
7
5

Music

Download

Comments

michaelarosy
Michaela ✨🍒 :
Where are the trousers from please?
2026-08-07 09:00:07
1
yayaeasy30
Yasmin King :
I need these pants immediately
2026-08-03 19:41:39
2
iamalana710
Iamalana710 :
Link please
2026-08-04 05:07:51
0
naecxo
Nae :
Where is the trousers from hun
2026-08-03 23:48:22
0
To see more videos from user @razanelk, please go to the Tikwm homepage.

Other Videos

Hoy quiero hablarles desde mi humildad, con el corazón profundamente entristecido. Yo nunca decidí convertirme en rescatista. Incluso debo confesar que ese nombre todavía me cuesta aceptarlo. Pero entiendo que un rescatista es quien salva una vida en peligro, y eso es exactamente lo que ocurrió con muchos de los niños que hoy forman parte de mi pequeño santuario. Quiero contarles la historia de dos de ellos. Hace un año y medio viajé con mi hija para celebrar su cumpleaños en una playa de Lima, Perú. Era invierno y, para mi sorpresa, allí estaba un perrito convertido prácticamente en huesos y pellejo. Sobrevivía tomando agua del mar y comiendo lo poco que encontraba. Su extrema delgadez me impactó profundamente. Esa noche hubo una pollada en la casa donde celebrábamos. Él permanecía afuera, esperando que alguien le regalara un plato de comida. Por supuesto, salí a llevarle algo de comer. A la mañana siguiente, cuando estaba lista para regresar a Lima, encontré a ese mismo perrito sentado al lado de mi carro, como si hubiera reconocido mi presencia. Me miraba fijamente, y antes de encender el motor sentí que mi corazón se rompía. Solo podía pensar: ¿qué será de él si nadie lo rescata? ¿Morirá ante la indiferencia de las personas? Los vecinos me contaron que únicamente los sábados y domingos lograba comer un poco, porque llegaban bañistas a la playa. Pero de lunes a viernes no había absolutamente nadie. También me dijeron que, cuando era apenas un cachorro, unos constructores lo llevaron para cuidar una obra. Cuando la construcción terminó, simplemente lo abandonaron allí, como si su vida no valiera nada. Sin darme cuenta, ese perrito envolvió mi corazón con su ternura. Hoy ese niño se llama Caballito y es el más grande de mi santuario. Ahora quiero presentarles a Fiona. Ella es una perrita adulta que, literalmente, había buscado un lugar para morir. La encontré a las afueras de una tienda en Lima. Tenía un enorme tumor en una de sus patas, lleno de gusanos, que arrastraba con muchísimo dolor. No pude ser indiferente. La llevé inmediatamente a la veterinaria. Después de evaluarla, la doctora me dijo que, por su edad y porque tenía cáncer, lo más recomendable era dormirla para evitarle sufrimiento. Pero yo no pude aceptar esa idea. Le respondí que ella también merecía una oportunidad. La operaron, luchó con todas sus fuerzas y hoy, aunque tiene sus achaques propios de la edad, sigue aquí, disfrutando de una vida llena de amor. Sin embargo, no todas las historias tienen un final completamente feliz. Ninguno de ellos ha sido adoptado, y sinceramente creo que será muy difícil que alguien quiera adoptar a perros adultos, enfermos o con un pasado tan duro. Hoy tengo 21 animalitos bajo mi cuidado. No tengo un refugio ni un albergue. Solo un pequeño espacio dentro de la casa que alquilo, al que con mucho amor decidí llamar mi santuario, porque allí intento darles la vida digna que nunca tuvieron. Pero hace aproximadamente seis meses mi vida cambió por completo. Hace muchos años tuve problemas con la SUNAT. Eran deudas y multas antiguas que, con el paso del tiempo, crecieron hasta convertirse en una suma cercana a los 100 mil soles. Debido a ello, embargaron mis cuentas bancarias y, literalmente, me dejaron sin recursos. Desde entonces, sostener el santuario se ha vuelto una lucha diaria. Y ahora el invierno ha hecho todo aún más difícil. El espacio donde viven mis rescatados no tiene techo suficiente. Bajo techo solo pueden refugiarse diez perritos; cinco más duermen dentro de la casa, y otros, entre ellos Caballito y Fiona, permanecen en la parte descubierta. Cada vez que llueve siento una enorme tristeza al verlos temblar de frío. Muchas madrugadas me levanto para retirar el agua acumulada y tratar de mantenerlos secos, porque ellos dependen completamente de mí. Por eso hoy quiero hacerles una pregunta desde lo más profundo de mi corazón. ¿Alguien conoce alguna institución, empresa o persona de buen corazón que pueda ayudarnos a construir un techo para estos
Hoy quiero hablarles desde mi humildad, con el corazón profundamente entristecido. Yo nunca decidí convertirme en rescatista. Incluso debo confesar que ese nombre todavía me cuesta aceptarlo. Pero entiendo que un rescatista es quien salva una vida en peligro, y eso es exactamente lo que ocurrió con muchos de los niños que hoy forman parte de mi pequeño santuario. Quiero contarles la historia de dos de ellos. Hace un año y medio viajé con mi hija para celebrar su cumpleaños en una playa de Lima, Perú. Era invierno y, para mi sorpresa, allí estaba un perrito convertido prácticamente en huesos y pellejo. Sobrevivía tomando agua del mar y comiendo lo poco que encontraba. Su extrema delgadez me impactó profundamente. Esa noche hubo una pollada en la casa donde celebrábamos. Él permanecía afuera, esperando que alguien le regalara un plato de comida. Por supuesto, salí a llevarle algo de comer. A la mañana siguiente, cuando estaba lista para regresar a Lima, encontré a ese mismo perrito sentado al lado de mi carro, como si hubiera reconocido mi presencia. Me miraba fijamente, y antes de encender el motor sentí que mi corazón se rompía. Solo podía pensar: ¿qué será de él si nadie lo rescata? ¿Morirá ante la indiferencia de las personas? Los vecinos me contaron que únicamente los sábados y domingos lograba comer un poco, porque llegaban bañistas a la playa. Pero de lunes a viernes no había absolutamente nadie. También me dijeron que, cuando era apenas un cachorro, unos constructores lo llevaron para cuidar una obra. Cuando la construcción terminó, simplemente lo abandonaron allí, como si su vida no valiera nada. Sin darme cuenta, ese perrito envolvió mi corazón con su ternura. Hoy ese niño se llama Caballito y es el más grande de mi santuario. Ahora quiero presentarles a Fiona. Ella es una perrita adulta que, literalmente, había buscado un lugar para morir. La encontré a las afueras de una tienda en Lima. Tenía un enorme tumor en una de sus patas, lleno de gusanos, que arrastraba con muchísimo dolor. No pude ser indiferente. La llevé inmediatamente a la veterinaria. Después de evaluarla, la doctora me dijo que, por su edad y porque tenía cáncer, lo más recomendable era dormirla para evitarle sufrimiento. Pero yo no pude aceptar esa idea. Le respondí que ella también merecía una oportunidad. La operaron, luchó con todas sus fuerzas y hoy, aunque tiene sus achaques propios de la edad, sigue aquí, disfrutando de una vida llena de amor. Sin embargo, no todas las historias tienen un final completamente feliz. Ninguno de ellos ha sido adoptado, y sinceramente creo que será muy difícil que alguien quiera adoptar a perros adultos, enfermos o con un pasado tan duro. Hoy tengo 21 animalitos bajo mi cuidado. No tengo un refugio ni un albergue. Solo un pequeño espacio dentro de la casa que alquilo, al que con mucho amor decidí llamar mi santuario, porque allí intento darles la vida digna que nunca tuvieron. Pero hace aproximadamente seis meses mi vida cambió por completo. Hace muchos años tuve problemas con la SUNAT. Eran deudas y multas antiguas que, con el paso del tiempo, crecieron hasta convertirse en una suma cercana a los 100 mil soles. Debido a ello, embargaron mis cuentas bancarias y, literalmente, me dejaron sin recursos. Desde entonces, sostener el santuario se ha vuelto una lucha diaria. Y ahora el invierno ha hecho todo aún más difícil. El espacio donde viven mis rescatados no tiene techo suficiente. Bajo techo solo pueden refugiarse diez perritos; cinco más duermen dentro de la casa, y otros, entre ellos Caballito y Fiona, permanecen en la parte descubierta. Cada vez que llueve siento una enorme tristeza al verlos temblar de frío. Muchas madrugadas me levanto para retirar el agua acumulada y tratar de mantenerlos secos, porque ellos dependen completamente de mí. Por eso hoy quiero hacerles una pregunta desde lo más profundo de mi corazón. ¿Alguien conoce alguna institución, empresa o persona de buen corazón que pueda ayudarnos a construir un techo para estos

About