@_comrade_77: Ustad Noor Khan Bezanjo ❤️🍂 Poet: Kareem Dashti ❤️🌷 . . . . . . . . . . . #noorkhanbezanjo #kareemdashti #balochisong #_comrade_77 #fypシ

ᴄᴏᴍʀᴀᴅᴇ☆
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Thursday 06 August 2026 16:20:49 GMT
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darjan024
Dar Jan Raheem :
Legend never die🥺🥰
2026-08-07 06:13:35
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kandeel_edits2
کندیل🍁 :
ustaad 🔥
2026-08-06 16:34:36
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guftar_baloch
گُفتار🥀 :
ustad
2026-08-15 17:05:00
1
iftikharaziz__999
افتخار عزیز مینگل :
استاد ❤️
2026-08-06 21:53:13
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raees.writes7
!!★_RAEES.WRITES_★!! :
JaN ❤️
2026-08-06 16:25:05
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5hah33rrrrr_0
5hAh33RRR_🖤👅 :
Ustaad 🥹
2026-08-06 16:24:50
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dodashay
Doda Shay :
🥰🥰🥰
2026-09-05 19:48:45
1
talalbalochistan11
talal lal baluschi :
[Heartwarming][Heartwarming][Heartwarming]
2026-09-12 13:48:12
1
alijanbaloch550
Ali jan :
🥀🥀🥀
2026-09-06 07:33:40
1
gulabbaloch550
user9864538537872 :
❤️❤️❤️
2026-08-26 03:38:31
1
noor_edit09
𝙉𝙤𝙤𝙧_𝙀𝙙𝙞𝙩𝙤𝙧 :
❤️❤️❤️
2026-08-21 15:42:19
1
asgharfazal5l1
Asghar fazal :
🥰🥰🥰
2026-08-16 04:53:47
1
br.raheem
💘 "Barkat Raheem "💘🥷 :
❤️❤️❤️
2026-08-15 11:47:59
1
waseembaloch935
𝐖𝐚𝐒𝐞𝐞𝐌__𝐁𝐚𝐥𝐨𝐂𝐡🦅 :
🥰🥰🥰
2026-08-09 10:38:35
1
abdul.mutlib017
Abdul.Mutlib. :
😂😂😂
2026-08-11 10:38:51
0
s.nbizanjo099
🫡SamOo baloch💥💥 :
💞💞💞
2026-08-09 04:30:36
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baluch_a1
🫠🤎! :
🌷🌷🌷
2026-08-08 18:37:19
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its_baloch279
ITS BAL⭕CH :
🖤🖤🖤
2026-08-07 13:57:32
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kohzada.baloch
Kohzada Baloch :
🌹🌹🌹
2026-08-08 15:40:13
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itxkabeer25
KABEER 26 :
❤️❤️❤️
2026-08-07 03:20:06
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arifrasheed_77
ARIF_RASHEED_77 :
❤️❤️❤️
2026-08-08 05:06:08
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iimjamoo08
•سنـــــــــگت08• :
💞💞💞
2026-08-07 03:35:40
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zakiribrahim18
Zakir Ibrahim 18 :
🥰🥰🥰
2026-08-07 17:49:29
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darjan024
Dar Jan Raheem :
🥰🥰🥰
2026-08-07 06:13:04
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ustad_nkb97
🔰🫀Ustad NKB🔰🫀 :
❣️❣️❣️
2026-08-06 16:23:35
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Cuando adopté a mi hija, pensé que por fin había encontrado la felicidad que tanto había buscado. Mi esposo y yo llevábamos años intentando formar una familia y, después de varios intentos que no salieron como esperábamos, decidimos adoptar. Cuando conocimos a la niña, tenía cinco años. Era pequeña, curiosa y tenía una manera de mirar que me desarmaba. La primera vez que entró a nuestra casa llevaba una mochila rosa tan grande que parecía que ella había sido adoptada por la mochila y no al revés. —¿Puedo dormir con esto? —me preguntó señalándola. —No creo que la mochila entre en la cama. —Entonces dormirá en el piso. —Bueno… pero si ronca, la echamos. Me miró muy seria. —Mi mochila no ronca. —Menos mal. Ya tenemos suficiente con tu papá. Mi esposo apareció desde la cocina. —¿Están hablando de mí? —No —contestamos las dos al mismo tiempo. Nos miramos y empezamos a reír. Durante los primeros meses fui feliz. Le preparaba el desayuno, la llevaba al colegio, le compraba libros y nos sentábamos juntas a mirar dibujos animados. Ella empezó a llamarme mamá poco a poco. Al principio lo decía bajito. —Mamá… Yo fingía que no escuchaba porque me daba vergüenza llorar. Después empezó a decirlo por cualquier cosa. —Mamá, tengo hambre. —Mamá, ¿dónde están mis medias? —Mamá, papá está durmiendo otra vez. —¡Eh! —protestaba mi esposo desde el sillón. —Mamá, papá ronca. —¡Traición! Nuestra casa se llenó de risas. Hasta que un día descubrí que estaba embarazada. Me quedé mirando el resultado durante varios minutos. No sabía si reír, llorar o llamar a mi esposo. Cuando se lo mostré, él se quedó en silencio. —¿Qué pasa? —le pregunté. —Esto cambia todo. Sentí un frío horrible. —¿Cómo que cambia todo? Él se sentó y empezó a hablar. —Ahora vamos a tener un hijo propio. No podemos criar a dos. Lo miré sin entender. —¿Y ella qué? Mi esposo evitó mirarme. —Podemos buscar una solución. —¿Qué solución? Entonces dijo algo que todavía me duele recordar. —Podemos devolverla. Sentí que el corazón se me caía al piso. —¿Devolverla? —Sí. Antes de que sea más difícil. —No es un vestido, ¿sabés? —No estoy diciendo eso. —Acabás de decir que podemos devolver a nuestra hija. Él suspiró. —Pensalo con lógica. Ahora vas a estar embarazada. Después tendremos un bebé. Ella puede tener otra familia. No pude dormir esa noche. Miré a la niña mientras dormía. Tenía abrazada su mochila rosa. La misma mochila que el primer día había querido meter en la cama. Y pensé en todas las veces que me había dicho mamá. Me levanté llorando. Al día siguiente mi esposo insistió. —Tenés que decidir. —Ya decidí. —¿Entonces? Lo miré. —Voy a llevarla. Él creyó que estaba hablando de devolverla. Pero yo no sabía qué iba a hacer. Solo sabía que ya no podía soportar aquella presión. Fui con mi niña al lugar donde habíamos hecho los trámites de adopción. Durante el camino ella iba feliz. —Mamá, ¿después podemos comprar helado? —Sí. —¿De chocolate? —Sí. —¿Y puedo elegir dos sabores? —Los que quieras. Me miró. —¿Estás triste? Tragué saliva. —Un poquito. Ella me tomó la mano. —No estés triste. Yo estoy con vos. Ahí me quebré. Entré al edificio con la intención de preguntar cómo podía hacer para “devolverla”. Pero cuando la vi sentada en una silla, balanceando las piernas y esperando que yo volviera… No pude. Simplemente no pude. Me arrodillé frente a ella. —¿Mamá? La abracé con todas mis fuerzas. —Perdoname. —¿Por qué? No sabía qué responder. ¿Cómo explicarle a una niña de cinco años que el adulto que debía protegerla había pensado que podía reemplazarla? —Porque te quiero mucho. Ella me abrazó. —Yo también te quiero. Lloré como nunca había llorado. Ese día entendí algo. Yo no había adoptado a una niña para que me hiciera feliz. Había decidido ser su mamá. Y ser mamá significaba que ella no podía desaparecer de mi vida simplemente porque yo estuviera embarazada. Cuando volví a casa, mi esposo estaba esperándome. —¿Qué decidiste? Dejé las llaves sobre la mesa. —Que ella se queda. Se levantó. —¿Qué? —Ella se queda. —¿Y nuestro bebé? —También. —No podemos. —Vos no podés. Me miró sorprendido. —¿Qué estás diciendo?
Cuando adopté a mi hija, pensé que por fin había encontrado la felicidad que tanto había buscado. Mi esposo y yo llevábamos años intentando formar una familia y, después de varios intentos que no salieron como esperábamos, decidimos adoptar. Cuando conocimos a la niña, tenía cinco años. Era pequeña, curiosa y tenía una manera de mirar que me desarmaba. La primera vez que entró a nuestra casa llevaba una mochila rosa tan grande que parecía que ella había sido adoptada por la mochila y no al revés. —¿Puedo dormir con esto? —me preguntó señalándola. —No creo que la mochila entre en la cama. —Entonces dormirá en el piso. —Bueno… pero si ronca, la echamos. Me miró muy seria. —Mi mochila no ronca. —Menos mal. Ya tenemos suficiente con tu papá. Mi esposo apareció desde la cocina. —¿Están hablando de mí? —No —contestamos las dos al mismo tiempo. Nos miramos y empezamos a reír. Durante los primeros meses fui feliz. Le preparaba el desayuno, la llevaba al colegio, le compraba libros y nos sentábamos juntas a mirar dibujos animados. Ella empezó a llamarme mamá poco a poco. Al principio lo decía bajito. —Mamá… Yo fingía que no escuchaba porque me daba vergüenza llorar. Después empezó a decirlo por cualquier cosa. —Mamá, tengo hambre. —Mamá, ¿dónde están mis medias? —Mamá, papá está durmiendo otra vez. —¡Eh! —protestaba mi esposo desde el sillón. —Mamá, papá ronca. —¡Traición! Nuestra casa se llenó de risas. Hasta que un día descubrí que estaba embarazada. Me quedé mirando el resultado durante varios minutos. No sabía si reír, llorar o llamar a mi esposo. Cuando se lo mostré, él se quedó en silencio. —¿Qué pasa? —le pregunté. —Esto cambia todo. Sentí un frío horrible. —¿Cómo que cambia todo? Él se sentó y empezó a hablar. —Ahora vamos a tener un hijo propio. No podemos criar a dos. Lo miré sin entender. —¿Y ella qué? Mi esposo evitó mirarme. —Podemos buscar una solución. —¿Qué solución? Entonces dijo algo que todavía me duele recordar. —Podemos devolverla. Sentí que el corazón se me caía al piso. —¿Devolverla? —Sí. Antes de que sea más difícil. —No es un vestido, ¿sabés? —No estoy diciendo eso. —Acabás de decir que podemos devolver a nuestra hija. Él suspiró. —Pensalo con lógica. Ahora vas a estar embarazada. Después tendremos un bebé. Ella puede tener otra familia. No pude dormir esa noche. Miré a la niña mientras dormía. Tenía abrazada su mochila rosa. La misma mochila que el primer día había querido meter en la cama. Y pensé en todas las veces que me había dicho mamá. Me levanté llorando. Al día siguiente mi esposo insistió. —Tenés que decidir. —Ya decidí. —¿Entonces? Lo miré. —Voy a llevarla. Él creyó que estaba hablando de devolverla. Pero yo no sabía qué iba a hacer. Solo sabía que ya no podía soportar aquella presión. Fui con mi niña al lugar donde habíamos hecho los trámites de adopción. Durante el camino ella iba feliz. —Mamá, ¿después podemos comprar helado? —Sí. —¿De chocolate? —Sí. —¿Y puedo elegir dos sabores? —Los que quieras. Me miró. —¿Estás triste? Tragué saliva. —Un poquito. Ella me tomó la mano. —No estés triste. Yo estoy con vos. Ahí me quebré. Entré al edificio con la intención de preguntar cómo podía hacer para “devolverla”. Pero cuando la vi sentada en una silla, balanceando las piernas y esperando que yo volviera… No pude. Simplemente no pude. Me arrodillé frente a ella. —¿Mamá? La abracé con todas mis fuerzas. —Perdoname. —¿Por qué? No sabía qué responder. ¿Cómo explicarle a una niña de cinco años que el adulto que debía protegerla había pensado que podía reemplazarla? —Porque te quiero mucho. Ella me abrazó. —Yo también te quiero. Lloré como nunca había llorado. Ese día entendí algo. Yo no había adoptado a una niña para que me hiciera feliz. Había decidido ser su mamá. Y ser mamá significaba que ella no podía desaparecer de mi vida simplemente porque yo estuviera embarazada. Cuando volví a casa, mi esposo estaba esperándome. —¿Qué decidiste? Dejé las llaves sobre la mesa. —Que ella se queda. Se levantó. —¿Qué? —Ella se queda. —¿Y nuestro bebé? —También. —No podemos. —Vos no podés. Me miró sorprendido. —¿Qué estás diciendo?

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