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Lan Anh TPCN
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Sunday 09 August 2026 02:20:26 GMT
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JingJing no durmió bien esa noche. Dio vueltas en la cama durante horas, mirando el techo como si las respuestas a todas sus dudas estuvieran escritas ahí arriba, en la oscuridad. Cada vez que cerraba los ojos volvía a ver el auto estrellándose, el cuerpo de Jan empujándola fuera del peligro, la velocidad casi imposible con la que había reaccionado… y esa mirada urgente, casi desesperada, cuando le pidió que se fuera a casa. Había algo que no encajaba. Algo que le rozaba la mente y se le escapaba cada vez que intentaba atraparlo. A la mañana siguiente llegó a la escuela con ojeras disimuladas y el cuerpo pesado por la falta de sueño. Intentó concentrarse en las clases, empujar las dudas a un rincón, pero era inútil. En el cambio de horario la vio: Jan frente a su casillero, sacando libros con movimientos un poco más rígidos de lo habitual. JingJing no dudó. Caminó hacia ella con paso decidido. —Tenemos que hablar. No hubo “hola”. No hubo “cómo estás”. La curiosidad y la inquietud le pesaban demasiado en el pecho como para suavizarlo. Jan levantó la vista y, para su sorpresa, esbozó una pequeña sonrisa torpe. —Hola a ti también. JingJing suspiró, rendida ante esa costumbre de Jan de intentar aliviar la tensión con humor. —Hola… Se quedó mirándola. Jan lucía… normal. Ridículamente normal. El mismo cabello algo desordenado, la misma expresión un poco nerviosa de siempre. Pero había un detalle. Uno mínimo. La mochila colgaba del hombro izquierdo. Jan no era zurda. Nunca. Siempre cargaba la mochila de cualquier manera sobre el hombro derecho, con esa despreocupación característica. Nadie más lo habría notado. Pero JingJing llevaba meses observándola, aprendiendo sus gestos, sus manías. Ese cambio insignificante le resultó extraño. Fuera de lugar. Jan se dio cuenta de que la estaban evaluando y se puso visiblemente más nerviosa. —Y… ¿de qué quieres hablar? JingJing parpadeó, volviendo al momento presente. Se había sentido decidida hace segundos, pero ahora las palabras se le enmarañaban. Había demasiadas dudas sin ordenar. Demasiadas preguntas que todavía no sabía cómo formular sin sonar loca. Así que empezó por lo único que le pareció seguro. —Quiero agradecerte. Por lo de anoche. Me salvaste. Los hombros de Jan se relajaron apenas un milímetro, como si hubiera estado esperando algo mucho peor. —No tienes que agradecerme por eso —respondió en voz baja—. Tú habrías hecho lo mismo. Cualquiera con sentido de supervivencia… —Lo sé. —JingJing dio un pequeño paso más cerca—. Pero no cualquiera reacciona tan rápido como lo hiciste tú. Y ahí estaba otra vez. Mínimo, casi imperceptible, pero los hombros de Jan se tensaron. Una mueca rápida le cruzó el rostro antes de que pudiera disimularla. JingJing sintió un vuelco en el estómago. Fue entonces cuando lo vio: la camisa exterior de Jan estaba un poco caída hacia un lado, y debajo, en el cuello de la camiseta de cuello redondo, asomaba algo. Una marca. Rojiza. Demasiado cerca del hombro derecho. JingJing levantó la mano por instinto, queriendo apartar la tela, confirmar lo que creía haber visto. Jan reaccionó al instante. Dio un paso atrás, casi torpe, alejándose del contacto. JingJing se quedó con la mano en el aire. —Me tengo que ir —dijo Jan, la voz un poco más aguda de lo normal—. Llego tarde a clase. Y se fue. Con paso apresurado, casi escapando, la mochila todavía colgando del lado equivocado. JingJing permaneció inmóvil un par de segundos, el corazón latiéndole con fuerza. Luego reaccionó. —¡Jan! ¡Jan! Echó a correr tras ella. Los pasillos todavía tenían algunos estudiantes, pero JingJing solo veía la espalda de la chica mayor alejándose cada vez más rápido. —¡Janhae! --- (Continuación en comentarios).  #AU #janhae #jingjingyu #janjingjing #spiderman
JingJing no durmió bien esa noche. Dio vueltas en la cama durante horas, mirando el techo como si las respuestas a todas sus dudas estuvieran escritas ahí arriba, en la oscuridad. Cada vez que cerraba los ojos volvía a ver el auto estrellándose, el cuerpo de Jan empujándola fuera del peligro, la velocidad casi imposible con la que había reaccionado… y esa mirada urgente, casi desesperada, cuando le pidió que se fuera a casa. Había algo que no encajaba. Algo que le rozaba la mente y se le escapaba cada vez que intentaba atraparlo. A la mañana siguiente llegó a la escuela con ojeras disimuladas y el cuerpo pesado por la falta de sueño. Intentó concentrarse en las clases, empujar las dudas a un rincón, pero era inútil. En el cambio de horario la vio: Jan frente a su casillero, sacando libros con movimientos un poco más rígidos de lo habitual. JingJing no dudó. Caminó hacia ella con paso decidido. —Tenemos que hablar. No hubo “hola”. No hubo “cómo estás”. La curiosidad y la inquietud le pesaban demasiado en el pecho como para suavizarlo. Jan levantó la vista y, para su sorpresa, esbozó una pequeña sonrisa torpe. —Hola a ti también. JingJing suspiró, rendida ante esa costumbre de Jan de intentar aliviar la tensión con humor. —Hola… Se quedó mirándola. Jan lucía… normal. Ridículamente normal. El mismo cabello algo desordenado, la misma expresión un poco nerviosa de siempre. Pero había un detalle. Uno mínimo. La mochila colgaba del hombro izquierdo. Jan no era zurda. Nunca. Siempre cargaba la mochila de cualquier manera sobre el hombro derecho, con esa despreocupación característica. Nadie más lo habría notado. Pero JingJing llevaba meses observándola, aprendiendo sus gestos, sus manías. Ese cambio insignificante le resultó extraño. Fuera de lugar. Jan se dio cuenta de que la estaban evaluando y se puso visiblemente más nerviosa. —Y… ¿de qué quieres hablar? JingJing parpadeó, volviendo al momento presente. Se había sentido decidida hace segundos, pero ahora las palabras se le enmarañaban. Había demasiadas dudas sin ordenar. Demasiadas preguntas que todavía no sabía cómo formular sin sonar loca. Así que empezó por lo único que le pareció seguro. —Quiero agradecerte. Por lo de anoche. Me salvaste. Los hombros de Jan se relajaron apenas un milímetro, como si hubiera estado esperando algo mucho peor. —No tienes que agradecerme por eso —respondió en voz baja—. Tú habrías hecho lo mismo. Cualquiera con sentido de supervivencia… —Lo sé. —JingJing dio un pequeño paso más cerca—. Pero no cualquiera reacciona tan rápido como lo hiciste tú. Y ahí estaba otra vez. Mínimo, casi imperceptible, pero los hombros de Jan se tensaron. Una mueca rápida le cruzó el rostro antes de que pudiera disimularla. JingJing sintió un vuelco en el estómago. Fue entonces cuando lo vio: la camisa exterior de Jan estaba un poco caída hacia un lado, y debajo, en el cuello de la camiseta de cuello redondo, asomaba algo. Una marca. Rojiza. Demasiado cerca del hombro derecho. JingJing levantó la mano por instinto, queriendo apartar la tela, confirmar lo que creía haber visto. Jan reaccionó al instante. Dio un paso atrás, casi torpe, alejándose del contacto. JingJing se quedó con la mano en el aire. —Me tengo que ir —dijo Jan, la voz un poco más aguda de lo normal—. Llego tarde a clase. Y se fue. Con paso apresurado, casi escapando, la mochila todavía colgando del lado equivocado. JingJing permaneció inmóvil un par de segundos, el corazón latiéndole con fuerza. Luego reaccionó. —¡Jan! ¡Jan! Echó a correr tras ella. Los pasillos todavía tenían algunos estudiantes, pero JingJing solo veía la espalda de la chica mayor alejándose cada vez más rápido. —¡Janhae! --- (Continuación en comentarios). #AU #janhae #jingjingyu #janjingjing #spiderman

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