Jorge :
Buena suerte, mala suerte... ¿quién sabe?
En una aldea cercana a la frontera vivía un anciano sabio junto a su único hijo. Eran humilde campesinos y poseían una sola pertenencia de gran valor: un hermoso caballo que les ayudaba en las labores del campo.
Un día, el caballo se escapó hacia las montañas. Al enterarse, los vecinos de la aldea corrieron a consolar al anciano y le dijeron:
—¡Qué mala suerte has tenido! Has perdido tu único caballo. ¿Cómo vas a trabajar ahora?
El anciano, sin inmutarse, les respondió serenamente:
—¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién lo sabe? Lo único seguro es que el caballo se ha ido. El tiempo lo dirá.
A los pocos días, el caballo regresó de las montañas y no venía solo: lo acompañaban varios caballos salvajes. Al ver semejante riqueza, los vecinos volvieron a la casa del campesino a felicitarlo:
—¡Qué buena suerte tienes! No solo recuperaste a tu caballo, sino que ahora tienes una manada entera.
El sabio anciano volvió a contestar con calma:
—¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién lo sabe? Lo único seguro es que los caballos han llegado. El tiempo lo dirá.
Poco después, el joven hijo del anciano comenzó a domar a uno de los caballos salvajes. Sin embargo, la bestia se encabritó, tiró al muchacho al suelo y este se rompió una pierna en varias partes. Los vecinos acudieron nuevamente a dar el pésame al anciano:
—¡Qué desgracia tan grande! ¡Qué mala suerte! Tu único hijo ha quedado tullido por culpa de estos caballos.
Una vez más, el anciano respondió con paz:
—¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién lo sabe? Lo único seguro es que mi hijo se ha roto una pierna. El tiempo lo dirá.
A las pocas semanas, estalló una terrible guerra en el imperio. Los oficiales del ejército llegaron a la aldea para reclutar obligatoriamente a todos los jóvenes sanos para enviarlos al frente. Casi todos los chicos del pueblo partieron a la batalla y muchos de ellos no regresaron jamás.
Sin embargo, cuando los soldados examinaron al hijo del anciano y vieron que tenía la pierna rota y no podía marchar, lo dejaron atrás.
Los vecinos, entre lágrimas por la partida de sus propios hijos, se acercaron al sabio y dijeron:
—¡Qué gran suerte...
2026-08-14 08:17:01