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Raah e islam
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rani.shafiq6
Muhammad Ali :
fgfgfffgfgfdfdxvvvbcvbczSzzssss
2026-08-20 00:51:15
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afsar.ali1088
M Huzaifa :
mashallah
2026-08-20 04:19:58
1
old.kami1
★OLD ᴋᴀᴍɪ★ :
masahallah ya Allah hum ko bh bola
2026-08-19 17:29:15
2
ghanikhan95446
ghani khan :
🥰🥰🥰@اشااللہ
2026-08-19 17:41:31
2
ibadullah5773
Ibadullah :
ماشاءاللّٰه
2026-08-20 01:46:24
1
alimuhammad2122
Ali Muhmmad61211 :
2026-08-19 20:55:53
1
faizankhan.100
,🫀😘fAiZaN ,Ladly,😘🫀 :
ya Allah Mari masla hal Kar 💔😭
2026-08-19 04:00:17
2
gvgvgshahzaib.kha
gvgvgShahzaib kHan :
aiiaha
2026-08-20 07:03:23
0
user791954208
Rehan Khan :
Masallah
2026-08-18 15:34:41
2
user1751149909354
KPK💔 Briand 🌹🌹 :
SUBHANULLAH
2026-08-20 04:39:50
0
user7566939095147
272328 :
mashallah🥰🥰🥰🥰🥰
2026-08-20 03:16:57
1
user8356127508736
user8356127508736 :
ماشاالله
2026-08-19 20:12:49
0
user3344909901
Muhammad Shayan :
mashallah
2026-08-19 17:01:02
1
user4600773655909.nadeem
khani :
mashallah
2026-08-20 05:49:11
0
imran_tareen5
Imran Tareen :
mashallah
2026-08-20 05:24:09
0
usermarwat2
marwat :
MashAllah
2026-08-18 15:22:35
1
fawadkhan02218
fawadkhan02218 :
Mashallah Mashallah Mashallah
2026-08-19 21:52:29
0
user561168652
AARi ☠️ :
MashAllah
2026-08-20 04:20:35
0
stergizalimanide
Kumail khan stergi zalimani de :
Masha Allah
2026-08-20 06:31:24
0
khankhan32854
HASsAN KHALiL :
❤️❤️❤️
2026-08-20 08:45:05
0
ishtiaq.khan2622
Farhan marwat 00 :
🥰🥰🥰
2026-08-20 08:41:20
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amanullah.khan.8044
Amanullah Khan 804 :
🥀🥀🥀
2026-08-20 04:17:18
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shazib.khan731
Shazib Khan :
❤️❤️❤️
2026-08-20 08:40:28
0
malangbacha530
malangbacha530 :
🥰🥰🥰
2026-08-19 17:28:07
0
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Nunca pensé que algún día tendría que contar esta historia y reconocer que fui yo quien destruyó mi propia familia. No fue por falta de amor. Fue peor. Fue por egoísmo. Cuando nació nuestro hijo, yo estaba feliz. Recuerdo haberlo cargado por primera vez y haber sentido que mi vida acababa de comenzar. Mi esposa también sonreía. Pero esa sonrisa duró poco. Después del parto comenzó a cambiar. Al principio pensé que solamente estaba cansada. Dormía poco, lloraba por cualquier cosa y muchas veces se quedaba mirando al bebé sin decir una palabra. Una noche la encontré sentada en el borde de la cama. —¿Qué te pasa? —No sé —me respondió llorando—. Siento que no puedo más. Me senté a su lado. —Tienes que descansar. Ella me miró. —No es cansancio. —Entonces, ¿qué es? —No lo sé. Siento que algo está mal conmigo. Yo no entendía lo que estaba viviendo. Y en lugar de intentar comprenderla, empecé a sentirme frustrado. Extrañaba a la mujer que había conocido. Extrañaba las cenas juntos, las salidas, las conversaciones hasta la madrugada. Extrañaba que me mirara como antes. Y cometí el peor error de mi vida. Empecé a pensar que yo también era una víctima. Un día, cansado de llegar a casa y encontrarla triste, le dije: —No puedo seguir así. Ella se quedó mirándome. —¿Así cómo? —Todo es tristeza. Todo es problema. Ya no sé qué hacer. Sus ojos se llenaron de lágrimas. —Yo tampoco sé qué hacer. Debí quedarme. Debí abrazarla. Debí decirle que no estaba sola. Pero me fui. No físicamente todavía. Me fui emocionalmente. Comencé a hablar con otra mujer. Ella me hacía reír. Me decía cosas bonitas. Me hacía sentir deseado. Y yo, que estaba buscando una excusa para escapar de mi propia responsabilidad, encontré exactamente lo que quería. Una noche ocurrió. Me acosté con ella. Cuando regresé a casa, mi esposa estaba dormida junto al bebé. La vi desde la puerta. Por unos segundos sentí culpa. Pero la aparté de mi cabeza. *
Nunca pensé que algún día tendría que contar esta historia y reconocer que fui yo quien destruyó mi propia familia. No fue por falta de amor. Fue peor. Fue por egoísmo. Cuando nació nuestro hijo, yo estaba feliz. Recuerdo haberlo cargado por primera vez y haber sentido que mi vida acababa de comenzar. Mi esposa también sonreía. Pero esa sonrisa duró poco. Después del parto comenzó a cambiar. Al principio pensé que solamente estaba cansada. Dormía poco, lloraba por cualquier cosa y muchas veces se quedaba mirando al bebé sin decir una palabra. Una noche la encontré sentada en el borde de la cama. —¿Qué te pasa? —No sé —me respondió llorando—. Siento que no puedo más. Me senté a su lado. —Tienes que descansar. Ella me miró. —No es cansancio. —Entonces, ¿qué es? —No lo sé. Siento que algo está mal conmigo. Yo no entendía lo que estaba viviendo. Y en lugar de intentar comprenderla, empecé a sentirme frustrado. Extrañaba a la mujer que había conocido. Extrañaba las cenas juntos, las salidas, las conversaciones hasta la madrugada. Extrañaba que me mirara como antes. Y cometí el peor error de mi vida. Empecé a pensar que yo también era una víctima. Un día, cansado de llegar a casa y encontrarla triste, le dije: —No puedo seguir así. Ella se quedó mirándome. —¿Así cómo? —Todo es tristeza. Todo es problema. Ya no sé qué hacer. Sus ojos se llenaron de lágrimas. —Yo tampoco sé qué hacer. Debí quedarme. Debí abrazarla. Debí decirle que no estaba sola. Pero me fui. No físicamente todavía. Me fui emocionalmente. Comencé a hablar con otra mujer. Ella me hacía reír. Me decía cosas bonitas. Me hacía sentir deseado. Y yo, que estaba buscando una excusa para escapar de mi propia responsabilidad, encontré exactamente lo que quería. Una noche ocurrió. Me acosté con ella. Cuando regresé a casa, mi esposa estaba dormida junto al bebé. La vi desde la puerta. Por unos segundos sentí culpa. Pero la aparté de mi cabeza. *"Estoy cansado de sufrir", pensé. Qué cobarde fui. Mientras ella luchaba con algo que ni siquiera podía explicar, yo estaba buscando consuelo en otra cama. Pasaron los meses. Yo creí que había tomado la decisión correcta. Hasta que un día mi esposa empezó a cambiar. Volvió al gimnasio. Primero iba una vez por semana. Después tres. Luego todos los días. Comenzó a arreglarse. Se compró ropa nueva. Volvió a maquillarse. Pero lo más importante no fue su cuerpo. Fue su mirada. Volvió a mirar la vida de frente. Una mañana bajó las escaleras riéndose. —¿Qué te pasó? —le pregunté. —Nada. —Estás diferente. —Estoy volviendo a encontrarme. Esa frase se me quedó clavada. Porque, por primera vez, entendí que ella había estado intentando encontrarse mientras yo había estado ocupado buscando a alguien más. Y entonces sucedió algo terrible. Me volví a enamorar de ella. Me enamoré de su sonrisa. De cómo hablaba con nuestro hijo. De cómo se reía cuando algo le parecía absurdo. De cómo se ponía música mientras cocinaba. De esa mujer que yo había dado por perdida. Empecé a buscarla. —¿Quieres salir conmigo esta noche? —Estoy cansada. —Podemos ver una película. —Otro día. Al principio pensé que simplemente necesitaba tiempo. Pero no. Ella estaba aprendiendo a vivir sin mí. Una noche le preparé una cena. Ella se sorprendió. —¿Tú cocinaste? —Bueno... técnicamente calenté algunas cosas. Se rio. Y ese sonido me hizo sentir feliz. Pensé que estábamos volviendo a ser nosotros. No sabía que aquella sonrisa sería una de las últimas que tendría conmigo. Unos días después, llegué a casa y encontré una cena preparada. La mesa estaba preciosa. Había velas. Comida. Una botella de vino. Incluso había puesto flores. Sonreí. Pensé que finalmente quería recuperar nuestro matrimonio. —Amor, ¿qué celebramos? Ella estaba sentada frente a mí. Me miró durante unos segundos. —Nada. —Entonces, ¿por qué hiciste todo esto? —Porque quería que nuestra última cena juntos fuera bonita. Sentí que el corazón se me detenía. —¿Última? Ella asintió. —Quiero divorciarme. Me quedé inmóvil. —¿Qué estás diciendo? —Ya lo decidí. —Pero podemos arreglarlo. Ella bajó la mirada. —Yo también pensé eso durante mucho ti

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