@whosujon: Cox's Bazar, Bangladesh, is the longest natural sea beach. #trending #fyp #foryoupageofficial #foryoupage #tiktokviral

SUJON
SUJON
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Friday 21 August 2026 03:30:33 GMT
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jumanahmedhasan
Hasan0 :
এই নিয়ে তিন বার যাওয়া।
2026-08-21 14:52:34
6
md.sabbir.sheikh38
MD Sabbir Sheikh :
2026-08-21 14:54:59
3
user3087928810
অনিকা আক্তার :
কাজ করবেন
2026-08-22 10:55:00
2
md.raiyan0134
Md Raiyan :
2026-08-22 08:11:25
2
cutebilay242
🥂Cute Bilay 242🥂 :
🥰
2026-08-23 08:04:14
0
hazratsoft3
hazratsoft :
টেকনাফ
2026-08-23 07:47:54
0
its.abdulhamid
HamiD ♠ :
2026-08-22 13:24:19
0
rsforhad17
Ꭼᴍʀ᭄〆Forahd 🏔️ :
2026-08-22 11:14:04
3
tohidulislam2660
Tohidul lslam :
🥰🥰🥰
2026-08-21 14:56:59
3
user6836269551818
শেষ অধ্যায় :
🥰🥰🥰
2026-08-21 08:39:45
2
mohammed.sujon45
⚡ 𝐒𝐮𝐣𝐨𝐧 𝐋𝐌 𝟏𝟎 ⚡🇦🇷🐼 :
🤝😍
2026-08-22 01:39:11
2
kawsermolla1
MD: KA WS ER :
@
2026-08-21 16:13:30
2
saiful56669
SF SaIfuL ❤️🇧🇩❤️ :
🥰🥰🥰
2026-08-21 15:41:50
2
chy.jihan6
🇧🇩  JIHAN Chy  🇨🇦 :
💞💞💞
2026-08-21 09:40:24
2
md.gfgj
✌️.. Hakim.. ✌️ :
🥰🥰🥰
2026-08-23 04:08:15
0
mehedihasanrimon34
..ᴍᴇʜᴇᴅɪ... ʜᴀᴤᴀɴ :
🥰🥰🥰
2026-08-22 07:59:48
2
user8570420908806
🎀Siam mridha🎀 :
🌸🌸🌸
2026-08-22 05:34:08
2
mohammad.rabbi742
Rabbi :
🥰🥰🥰
2026-08-23 13:21:25
0
mdhanjala.11
MD...
❤️❤️❤️
2026-08-23 11:45:31
0
smmaruf2222
Syed Maruf :
🥰🥰
2026-08-22 08:01:31
2
just_call_me_emu
E M O N 🕊️ :
💗💗💗
2026-08-22 07:14:29
3
samimgazi215
MD ALBI ISLAIM :
🥰🥰🥰
2026-08-23 03:12:26
0
romana.islam388
black rose💫🖤🖤🖤💫@ :
🖤🖤🖤
2026-08-23 13:41:09
0
adorislam070
Afsara..🌸 :
👌
2026-08-22 18:59:15
0
md.sohel616161
❤️.MD.Sohel...❤️🌼🌸 :
🥰🥰🥰
2026-08-22 15:28:33
0
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Me llamo Elena, tengo setenta y ocho años y descubrí algo muy curioso. Los hijos siempre prometen que jamás te van a abandonar. Después crecen... y resulta que la memoria también envejece, pero la de ellos. Toda mi vida trabajé como costurera. Levantaba pedidos hasta la madrugada con una máquina que sonaba más fuerte que un tractor. Cada vestido que cosía era un cuaderno nuevo para mi hijo, un par de zapatillas, un cumpleaños, una excursión de la escuela. Nunca me quejé. Si él tenía fiebre, yo no dormía. Si necesitaba plata, yo vendía alguna joyita. Si quería estudiar, hacía horas extras. Hasta vendí la alianza de mi difunto marido para ayudarlo a comprar su primer auto. —Mamá, cuando yo esté bien, vos nunca más vas a preocuparte por nada. Qué frase tan linda. Lástima que era ficción. Los años pasaron. Él consiguió un excelente trabajo, se casó con Patricia y tuvieron dos hijos. Yo era la abuela que cuidaba gratis. Los llevaba al colegio. Les hacía la comida. Les planchaba los uniformes. Hasta le cocinaba a mi nuera porque
Me llamo Elena, tengo setenta y ocho años y descubrí algo muy curioso. Los hijos siempre prometen que jamás te van a abandonar. Después crecen... y resulta que la memoria también envejece, pero la de ellos. Toda mi vida trabajé como costurera. Levantaba pedidos hasta la madrugada con una máquina que sonaba más fuerte que un tractor. Cada vestido que cosía era un cuaderno nuevo para mi hijo, un par de zapatillas, un cumpleaños, una excursión de la escuela. Nunca me quejé. Si él tenía fiebre, yo no dormía. Si necesitaba plata, yo vendía alguna joyita. Si quería estudiar, hacía horas extras. Hasta vendí la alianza de mi difunto marido para ayudarlo a comprar su primer auto. —Mamá, cuando yo esté bien, vos nunca más vas a preocuparte por nada. Qué frase tan linda. Lástima que era ficción. Los años pasaron. Él consiguió un excelente trabajo, se casó con Patricia y tuvieron dos hijos. Yo era la abuela que cuidaba gratis. Los llevaba al colegio. Les hacía la comida. Les planchaba los uniformes. Hasta le cocinaba a mi nuera porque "no llegaba con el trabajo". Y yo, feliz. Porque uno cree que ayudar es sembrar cariño. Después descubrí que algunas personas solo cosechan comodidad. Todo cambió cuando me caí en la cocina. Me fracturé la cadera. Necesitaba bastón y alguien que me ayudara durante unos meses. Mi hijo apareció una tarde con una sonrisa demasiado amable. —Mamá... estuvimos hablando con Patricia. Mala señal. Cuando un hombre dice "estuvimos hablando", ya sabés quién habló. —Pensamos que lo mejor para vos es un geriátrico. Sentí un golpe en el pecho. —¿Cómo que un geriátrico? Si puedo vivir en mi casa... —Es por tu seguridad. —¿Y ustedes? —Trabajamos mucho. Patricia agregó sin siquiera mirarme. —Ahí vas a estar acompañada. Traducido al español: "Nosotros queremos seguir tranquilos." Quise discutir. No sirvió. En menos de una semana estaba instalada en una residencia para adultos mayores. No era un mal lugar. Las enfermeras eran amorosas. La comida... bueno... Digamos que descubrí que existe una forma de cocinar pollo sin que conserve absolutamente ningún recuerdo de haber sido pollo. Mi hijo prometió visitarme todos los fines de semana. El primer domingo vino. El segundo mandó un mensaje. El tercero llamó cinco minutos. Después empezó el festival de las excusas. —Mamá, mucho trabajo. —Mamá, el nene tiene fútbol. —Mamá, llueve. Una vez incluso dijo: —Mamá, hace mucho calor. Yo no sabía que la temperatura impedía abrir la puerta de un auto. Mientras tanto, quien sí aparecía era Camila. Una chica de treinta años que trabajaba como enfermera. No estaba obligada. Terminaba su turno... y se sentaba conmigo. Tomábamos mate. Jugábamos al truco. Me enseñó a usar el celular. Hasta me hizo una cuenta para mirar videos de gatos. Descubrí que podía pasar dos horas viendo un gato pelearse con un pepino. La tercera edad tiene sus lujos. Un día me preguntó: —¿Su hijo viene hoy? Sonreí. —Debe estar atrapado en un embotellamiento... desde hace tres meses. Nos reímos las dos. Ella empezó a traerme libros. Después me llevó lana porque sabía que me gustaba tejer. En mi cumpleaños apareció con una torta hecha por ella. Mi hijo llamó por teléfono cuatro horas después. —Perdón, mamá... se me pasó. Se me pasó. Qué frase tan cortita para explicar un corazón tan grande que habían olvidado. La directora del geriátrico un día me dijo: —Su hijo hace casi cinco meses que no entra por esta puerta. Cinco meses. Ni siquiera lo había notado. Porque uno deja de esperar cuando el silencio se vuelve costumbre. Una tarde decidí ordenar mis papeles. Entre ellos apareció el testamento que había hecho muchos años antes. Todo quedaba para mi hijo. Todo. La casa. Los ahorros. Un pequeño terreno que heredé de mi esposo. Lo leí varias veces. Después llamé a mi abogado. Cuando llegó, le ofrecí café. —Doña Elena, ¿qué necesita? —Cambiar el testamento. Levantó la vista. —¿Está segura? —Más segura que cuando me casé. Nos reímos. Le expliqué todo. Las visitas inexistentes. Las promesas olvidadas. Quién realmente estaba a mi lado. Él solo hizo una pregunta. —¿Quiere dejarle algo a

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