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La responsabilidad que nos negamos a ver.
Cada vez que llueve en Caracas y las calles se anegan, se activa un guion predecible: las redes sociales y las conversaciones en las esquinas se llenan de quienes señalan esto como un "castigo divino" o una falla exclusiva de la gestión pública. Pero, ¿hasta cuándo vamos a seguir evadiendo nuestra parte en este caos?
Me duele profundamente ver a los trabajadores de limpieza de la alcaldía, mañana, tarde y noche, barriendo incansablemente nuestra ciudad. Y me duele más ver cómo, apenas ellos dan la vuelta, alguien lanza un papel, un vaso o un envoltorio al suelo con total desparpajo, bajo la excusa mediocre de que "para eso están ellos". Esa es la verdadera tragedia de Caracas: una cultura básica y desentendida que cree que el espacio público es un vertedero sin dueño.
Es muy fácil señalar al gobierno o buscar explicaciones místicas cuando las cosas salen mal, pero es mucho más difícil reconocer que el pueblo sufre por la falta de conciencia propia. La ignorancia no es solo falta de conocimiento, es la falta de voluntad para ser ciudadanos de bien.
Si cada uno de nosotros aportara un granito de arena, la historia sería otra. En mi caso, he hecho un hábito simple: si compro un caramelo o cualquier cosa en la calle, guardo mi basura en el bolso hasta llegar a casa, donde la coloco en su lugar. No es un sacrificio heroico, es lo mínimo que podemos hacer por el lugar donde vivimos.
Dejemos de buscar culpables afuera y empecemos a revisar qué estamos haciendo nosotros. Caracas no será una ciudad más limpia porque alguien más la barra, sino porque nosotros dejaremos de ensuciarla.
2026-08-23 02:42:59