@abline52: historia de Roberto baglio del penalti de Roberto Baggio, el hombre que murió de pie. Año 1970. Fiorindo Baggio, padre de Roberto, no pudo esconder la cara de tristeza tras la derrota en la final del Mundial, un doloroso 4-1 de aquella Brasil de Pelé, Jairzinho y Gérson, causaron las lágrimas de un hombre que tuvo que ser consolado por su hijo de tan solo 3 años. ‘Robbi’, como le llamaban entonces, abrazó la pierna de su padre y le dijo: ‘Tranquilo papá, venceré a Brasil, yo ganaré una Copa del Mundo para ti’. Y no sabemos si fue dios, o simplemente el azar, pero en 1994 el destino puso a Baggio en una final de la Copa del Mundo y, casualmente era contra Brasil. El partido termino yéndose a los penaltis tras un tímido 0-0. Brasil anotó tres de los primeros cuatro. Italia, solamente dos. E Advertisement PUBLICIDAD l quinto y último era para él, Roberto Baggio, que venía de ganar el Balón de oro esa misma temporada y que había llegado a la final haciendo un Mundial casi maradoniano. El hombre que le había prometido a su padre ganar una Copa del Mundo contra Brasil. Los ojos ojos de todo el planeta estaban encima de él. Era la última esperanza de Italia. Dio dos pasos hacia atrás. Resopló, pero acabó mandando el balón por las nubes. El silencio invadió todas las casas de Italia. Sobre el campo, Roberto Baggio miraba hacia el suelo con los brazos en jarra. No era una simple imagen de derrota. Era como si aquel prodigio hubiese perdido su alma. Nunca antes se había visto una imagen tan desoladora sobre un campo de fútbol. En sus ojos podía verse la tristeza infinita, la representación de un sueño frustrado, la promesa rota de un niño que un día le juró a su padre algo que nunca le pudo dar. Nada ni nadie pudieron consolarlo durante de más de cinco años. Llegó incluso a tener pesadillas con aquel penalti durante mucho tiempo. Y es que, tras aquel partido, en Italia comenzó a popularizarse una frase que dice: ‘Sócrates murió envenenado, pero Baggio murió de pie
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Region: CO
Sunday 23 August 2026 03:07:40 GMT
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Nachito_rv :
Emanuel:el silencio invadió todas las casas de Italia. Sobre el campo, Roberto Baggio miraba hacia el suelo con los brazos en jarra. No era una simple imagen de derrota, era como si aquel prodigio hubiese perdido su alma. Nunca antes se había visto una imagen tan desoladora sobre un campo de fútbol. En sus ojos podía verse la tristeza infinita, la representación de un sueño frustrado.
Había sido el último lanzamiento de la tanda de penales en la final del Mundial de Estados Unidos 1994. El balón había salido alto, pasando por encima del travesaño, y con él se fue la esperanza de toda una nación. Durante todo el torneo, Baggio había cargado sobre sus hombros el peso de Italia: había marcado goles decisivos en cuartos de final y semifinales, llevando a su equipo hasta el duelo definitivo contra Brasil. Pero ese día, el destino parecía haberle reservado el papel más amargo.
Los compañeros se acercaron despacio, con gestos de consuelo, pero él permaneció inmóvil, como si el tiempo se hubiera detenido en ese instante. A su alrededor, los jugadores brasileños celebraban con alegría desbordada, mientras la grada se dividía entre vítores y el llanto de miles de seguidores italianos. Aquella imagen, capturada por cámaras de todo el mundo, se convertiría en una de las más recordadas en la historia del deporte: no solo por la derrota, sino porque mostraba la esencia misma del fútbol: pasión, entrega y también la inmensa tristeza cuando el sueño se rompe.
Con los años, aquella mirada dejó de ser solo el símbolo de una derrota para convertirse en un homenaje a la grandeza de quien lo había dado todo. Roberto Baggio no solo fue el jugador que falló aquel penal; fue el genio que llevó a su equipo hasta allí, y aquella imagen desoladora terminó por revelar algo más profundo: la humanidad de un deportista que amaba su país y su deporte con toda el alma
2026-08-28 03:12:27
0
⚠️Advertencia⚠️ :
de que se trataba el video de arriba
2026-08-27 03:08:24
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portero Ricardo1 :
el silencio invadió todas las casas de Italia. Sobre el campo, Roberto Baggio miraba hacia el suelo con los brazos en jarra. No era una simple imagen de derrota, era como si aquel prodigio hubiese perdido su alma. Nunca antes se había visto una imagen tan desoladora sobre un campo de fútbol. En sus ojos podía verse la tristeza infinita, la representación de un sueño frustrado.
Había sido el último lanzamiento de la tanda de penales en la final del Mundial de Estados Unidos 1994. El balón había salido alto, pasando por encima del travesaño, y con él se fue la esperanza de toda una nación. Durante todo el torneo, Baggio había cargado sobre sus hombros el peso de Italia: había marcado goles decisivos en cuartos de final y semifinales, llevando a su equipo hasta el duelo definitivo contra Brasil. Pero ese día, el destino parecía haberle reservado el papel más amargo.
Los compañeros se acercaron despacio, con gestos de consuelo, pero él permaneció inmóvil, como si el tiempo se hubiera detenido en ese instante. A su alrededor, los jugadores brasileños celebraban con alegría desbordada, mientras la grada se dividía entre vítores y el llanto de miles de seguidores italianos. Aquella imagen, capturada por cámaras de todo el mundo, se convertiría en una de las más recordadas en la historia del deporte: no solo por la derrota, sino porque mostraba la esencia misma del fútbol: pasión, entrega y también la inmensa tristeza cuando el sueño se rompe.
Con los años, aquella mirada dejó de ser solo el símbolo de una derrota para convertirse en un homenaje a la grandeza de quien lo había dado todo. Roberto Baggio no solo fue el jugador que falló aquel penal; fue el genio que llevó a su equipo hasta allí, y aquella imagen desoladora terminó por revelar algo más profundo: la humanidad de un deportista que amaba su país y su deporte con toda el alma
2026-08-28 20:48:51
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lucho :
el silencio invadió todas las casas de Italia. Sobre el campo, Roberto Baggio miraba hacia el suelo con los brazos en jarra. No era una simple imagen de derrota, era como si aquel prodigio hubiese perdido su alma. Nunca antes se había visto una imagen tan desoladora sobre un campo de fútbol. En sus ojos podía verse la tristeza infinita, la representación de un sueño frustrado.
Había sido el último lanzamiento de la tanda de penales en la final del Mundial de Estados Unidos 1994. El balón había salido alto, pasando por encima del travesaño, y con él se fue la esperanza de toda una nación. Durante todo el torneo, Baggio había cargado sobre sus hombros el peso de Italia: había marcado goles decisivos en cuartos de final y semifinales, llevando a su equipo hasta el duelo definitivo contra Brasil. Pero ese día, el destino parecía haberle reservado el papel más amargo.
Los compañeros se acercaron despacio, con gestos de consuelo, pero él permaneció inmóvil, como si el tiempo se hubiera detenido en ese instante. A su alrededor, los jugadores brasileños celebraban con alegría desbordada, mientras la grada se dividía entre vítores y el llanto de miles de seguidores italianos. Aquella imagen, capturada por cámaras de todo el mundo, se convertiría en una de las más recordadas en la historia del deporte: no solo por la derrota, sino porque mostraba la esencia misma del fútbol: pasión, entrega y también la inmensa tristeza cuando el sueño se rompe.
Con los años, aquella mirada dejó de ser solo el símbolo de una derrota para convertirse en un homenaje a la grandeza de quien lo había dado todo. Roberto Baggio no solo fue el jugador que falló aquel penal; fue el genio que llevó a su equipo hasta allí, y aquella imagen desoladora terminó por revelar algo más profundo: la humanidad de un deportista que amaba su país y su deporte con toda el alma
2026-08-28 23:52:53
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