Abraham Luevano :
Un tío mío, hermano de mi mamá, era alguien que decía tener una conexión con seres de otros planetas. Para muchos estaba loco; para otros, tenía un don.
Cuando eran niños, solían viajar de vacaciones a Guadalajara, al rancho de unos tíos. El terreno era enorme y para ir al baño había que salir hasta una letrina. Una noche, mi tío Rogelio salió al baño y no regresó. Lo buscaron durante horas: familia, vecinos y policías. Ya temían que algún animal lo hubiera atacado.
Horas después apareció solo, confundido. Lo único que pudo contar fue que, camino a la letrina, vio una luz muy intensa, perdió el conocimiento y, según él, unas personas muy altas y de piel blanca se lo habían llevado.
Ya de adulto, aseguraba que quienes lo habían raptado aquella vez eran pleyadianos. A veces, mientras estaba conviviendo con la familia, decía de repente: “Ahorita aquí andan” o “Hoy se van a acercar”. Y, curiosamente, poco después llegábamos a ver cosas bastante extrañas en el cielo.
También había muchas otras cosas que, de alguna manera, parecía sentir antes que los demás. Tenía una energía muy particular, de esas que se perciben cuando una persona entra a un lugar. Era difícil estar cerca de él y no notar que había algo diferente.
Tenía una de esas cámaras enormes de antes y se iba a La Rumorosa a grabar lo que decía encontrar. En su casa quedaron todos sus videos. Incluso llegó a relacionarse con Jaime Maussan y escribió un par de libros.
Yo no sé qué pensar de todo aquello, pero la historia de mi tío Rogelio siempre me ha parecido bastante difícil de olvidar.
2026-08-25 05:10:17