Los flamencos no nacen rosados, sino de un color gris o blanco uniforme. Su transformación es un proceso químico gradual que depende por completo de lo que comen a lo largo de su vida.
La química de su plumaje
El secreto está en los carotenoides, los mismos pigmentos orgánicos que le dan el color naranja a las zanahorias o el rojo a los tomates. Los flamencos se alimentan principalmente de algas microscópicas (como la Dunaliella salina) y pequeños crustáceos (como la Artemia salina), ambos cargados de estos pigmentos.
Cuando el flamenco digiere estos alimentos, las enzimas de su hígado descomponen los carotenoides en pigmentos rosados y rojos. Estos pigmentos no se eliminan como desperdicio; en lugar de eso, se disuelven en las grasas del cuerpo y se depositan en las plumas, la piel y hasta en sus patas a medida que crecen.