+57~MUÑOZZ🙌🏻 :
Ahora tengo 17, pero un día tuve 13 y conocí al amor de mi vida. A esa edad uno no sabe mucho del amor, cree que todo será para siempre, que las promesas nunca se rompen y que esa persona que te hace sonreír será la misma que estará a tu lado cuando seas grande. Y yo también lo creí. La conocí cuando menos lo esperaba. Al principio solo era alguien más, una persona con la que hablaba y compartía momentos sin imaginar que poco a poco se convertiría en alguien imposible de olvidar. Con el tiempo empezamos a querernos y, aunque no fue perfecto, para mí era suficiente. Cada mensaje, cada conversación y cada momento juntos se fueron convirtiendo en recuerdos que todavía guardo. Yo tenía 13 y sentía que había encontrado a la persona con la que quería crecer. Pero crecimos, y a veces crecer significa darse cuenta de que no todo lo que amas está destinado a quedarse. Los problemas llegaron, las cosas cambiaron y aquello que parecía eterno empezó a romperse lentamente. Intentamos seguir, pero ya nada se sentía igual. Hasta que llegó el día que más miedo me daba: tuvimos que separarnos. No hubo una gran despedida ni una última escena de película, solo quedaron palabras que nunca dijimos y un montón de recuerdos que no sabíamos dónde guardar. Ahora tengo 17. Han pasado años desde aquel niño de 13 que se enamoró pensando que había encontrado para siempre. Y aunque mi vida siguió, hay una parte de mí que todavía recuerda a aquella persona. A veces pienso en cómo habría sido todo si hubiéramos seguido juntos, pero entendí algo: no todas las personas que llegan a nuestra vida llegan para quedarse. Algunas llegan para enseñarnos a querer, a perder y a crecer. Y quizá ese fue nuestro destino. Tal vez no fue el amor que duró toda la vida, pero sí fue el amor que hizo que una parte de mi vida fuera inolvidable.
2026-10-08 03:49:50