@flac5570: Bro MIGHT be Sexna | #vecna #henrycreeledit #strangerthings #edit

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user5661275765131
Вупсень :
Дарт Вейдер больше подходит
2026-09-08 12:02:44
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eternal.roma
🇻🇦♱𝑆•𝑃•𝑄•𝑅♱🇻🇦 :
wrong person buddy its Darth Vader not vecna
2026-08-31 05:34:01
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kwpe0zzz
#𝒎𝒊𝒍𝒌𝒚𝒘𝒂𝒚🥃 :
векна чистый скилл, оди дочь сюжета
2026-08-31 08:19:06
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starwarsfan431
Gerxx :
сносит весь верс без шансов
2026-09-06 18:04:29
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temo_tengo1
𝙕7𝙇𝘼 :
davidson
2026-09-08 19:25:09
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dofominka2
Дофамин :
почему люди настолько обиделись на эдит с осд
2026-08-31 11:29:09
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vozinhation.25
Seba-GB1991 :
no problem
2026-09-07 22:04:20
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jans_gipnodans
jans_•_•_gipno-dans :
трон есть короля не видно
2026-09-08 18:09:12
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bench_official2
Black_Olise :
Векна(генри) чистий скилл Оди доч сюжета
2026-09-07 10:57:32
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notjacob66
notjacob66 :
The real person
2026-09-07 22:16:00
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🌽 Tamales de Nochebuena, el milagro de la masa A veces pienso que hacer tamales es como aquello de la multiplicación de los panes: con un puño de maíz y una bendición, alcanza para toda la familia y hasta sobra para el vecino que llega de visita. En mi tierra, el maíz no se siembra nomás con la mano, se siembra con la fe de que va a llover, de que el sol va a asomar, y de que la tierra va a cumplir. Y en Nochebuena, esa fe se amasa, se unta y se envuelve, mientras afuera el frío se cuela y adentro la cocina huele a gloria. Esa noche las mujeres y los hombres nos turnamos en la mesa larga. Unos remojan las hojas de mazorca en agua caliente desde temprano, otros desvenan los chiles, y los más chiquitos se roban la masa cruda, que ni siquiera está buena, pero es la tradición. Yo siempre busco la manera de estar cerquita del fogón, porque el vapor de la tamalera es el que me recuerda las cuentas del rosario entre los dedos de mi madre: una cuenta por cada tamal que sale bien, un misterio por cada hora de espera. Así, sin querer, la cocina se vuelve oración. - 1 kilo de masa para tamales (de maíz nixtamalero, bien molida) - 400 gramos de manteca de cerdo, a temperatura ambiente - 1 cucharadita de polvo para hornear - 1½ cucharadas de sal (o al gusto, pero prova la masa cruda) - 2 tazas de caldo de pollo o de res, tibio - Hojas de mazorca, remojadas y limpias (como 30 o 35) - Para el guiso: 500 gramos de carne de puerco o pollo, ya cocida y deshebrada - 5 chiles guajillo, 3 chiles anchos, 1 diente de ajo, comino y orégano Primero, lo que mucha gente no sabe: la manteca se tiene que batir sola hasta que quede blanca y esponjosa, como si fuera crema batida pero con olor a cochino bendito. Échale el polvo de hornear y la sal mientras la bates, y hazlo con ganas, que la masa necesita aire para que no salga apelmazada. Cuando ya esté blandita, ve agregando la masa de maíz de poquito en poquito, alternando con el caldo tibio. Aquí está el secreto del que ya hizo esto cien veces: la masa debe quedar tan suave que si avientas una bolita en un vaso de agua, tiene que flotar. Si se hunde, le falta batida o le falta caldo. No le tengas miedo a corregir. Para el guiso, desvena los chiles y hiérvelos con el ajo y un poquito de comino. Cuando estén blanditos, muélelos con un poco del agua donde hirvieron, cuélalos y fríelos en dos cucharadas de manteca. Ahí le pones la carne deshebrada y lo dejas que dé uno o dos hervorcitos para que agarre sabor. Unta la masa sobre la hoja, con el dorso de una cuchara, delgadita pero sin que se traspare. Una cucharada de guiso al centro, dobla un lado, luego el otro, y avienta la hojita delgada para envolver. No aprietes mucho: cuando el maíz se hincha con el vapor, necesita espacio para rezar su propia transformación. Deja las esquinas dobladas hacia abajo en la tamalera, paradas como soldaditos, y tapa con un trapo limpio antes de poner la tapa, para que el agua que escurra no caiga directo en los tamales. Aquí viene lo difícil: no destapes la olla por lo menos durante una hora y media, o dos. El vapor es el que hace el milagro, y si abres antes, los tamales se te arrugan y pierden su alma. Cuando ya pasó el tiempo, destapa con cuidado y deja que respiren un minutito. Si la masa se despega fácil de la hoja, están listos. Si no, tápalos otros diez minutos y santitos. Esta Nochebuena, mientras encendemos la tamalera, te deseo que el maíz se te dé bien, que el guiso te quede jugoso, y que en tu mesa nunca falte un tamal para el que llega cansado. Que la mano que amasa sea la misma que bendice, y que lo que hoy multiplicas con un kilo de masa, mañana lo cuentes con sonrisas. Amén, y buen provecho.
🌽 Tamales de Nochebuena, el milagro de la masa A veces pienso que hacer tamales es como aquello de la multiplicación de los panes: con un puño de maíz y una bendición, alcanza para toda la familia y hasta sobra para el vecino que llega de visita. En mi tierra, el maíz no se siembra nomás con la mano, se siembra con la fe de que va a llover, de que el sol va a asomar, y de que la tierra va a cumplir. Y en Nochebuena, esa fe se amasa, se unta y se envuelve, mientras afuera el frío se cuela y adentro la cocina huele a gloria. Esa noche las mujeres y los hombres nos turnamos en la mesa larga. Unos remojan las hojas de mazorca en agua caliente desde temprano, otros desvenan los chiles, y los más chiquitos se roban la masa cruda, que ni siquiera está buena, pero es la tradición. Yo siempre busco la manera de estar cerquita del fogón, porque el vapor de la tamalera es el que me recuerda las cuentas del rosario entre los dedos de mi madre: una cuenta por cada tamal que sale bien, un misterio por cada hora de espera. Así, sin querer, la cocina se vuelve oración. - 1 kilo de masa para tamales (de maíz nixtamalero, bien molida) - 400 gramos de manteca de cerdo, a temperatura ambiente - 1 cucharadita de polvo para hornear - 1½ cucharadas de sal (o al gusto, pero prova la masa cruda) - 2 tazas de caldo de pollo o de res, tibio - Hojas de mazorca, remojadas y limpias (como 30 o 35) - Para el guiso: 500 gramos de carne de puerco o pollo, ya cocida y deshebrada - 5 chiles guajillo, 3 chiles anchos, 1 diente de ajo, comino y orégano Primero, lo que mucha gente no sabe: la manteca se tiene que batir sola hasta que quede blanca y esponjosa, como si fuera crema batida pero con olor a cochino bendito. Échale el polvo de hornear y la sal mientras la bates, y hazlo con ganas, que la masa necesita aire para que no salga apelmazada. Cuando ya esté blandita, ve agregando la masa de maíz de poquito en poquito, alternando con el caldo tibio. Aquí está el secreto del que ya hizo esto cien veces: la masa debe quedar tan suave que si avientas una bolita en un vaso de agua, tiene que flotar. Si se hunde, le falta batida o le falta caldo. No le tengas miedo a corregir. Para el guiso, desvena los chiles y hiérvelos con el ajo y un poquito de comino. Cuando estén blanditos, muélelos con un poco del agua donde hirvieron, cuélalos y fríelos en dos cucharadas de manteca. Ahí le pones la carne deshebrada y lo dejas que dé uno o dos hervorcitos para que agarre sabor. Unta la masa sobre la hoja, con el dorso de una cuchara, delgadita pero sin que se traspare. Una cucharada de guiso al centro, dobla un lado, luego el otro, y avienta la hojita delgada para envolver. No aprietes mucho: cuando el maíz se hincha con el vapor, necesita espacio para rezar su propia transformación. Deja las esquinas dobladas hacia abajo en la tamalera, paradas como soldaditos, y tapa con un trapo limpio antes de poner la tapa, para que el agua que escurra no caiga directo en los tamales. Aquí viene lo difícil: no destapes la olla por lo menos durante una hora y media, o dos. El vapor es el que hace el milagro, y si abres antes, los tamales se te arrugan y pierden su alma. Cuando ya pasó el tiempo, destapa con cuidado y deja que respiren un minutito. Si la masa se despega fácil de la hoja, están listos. Si no, tápalos otros diez minutos y santitos. Esta Nochebuena, mientras encendemos la tamalera, te deseo que el maíz se te dé bien, que el guiso te quede jugoso, y que en tu mesa nunca falte un tamal para el que llega cansado. Que la mano que amasa sea la misma que bendice, y que lo que hoy multiplicas con un kilo de masa, mañana lo cuentes con sonrisas. Amén, y buen provecho.

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