@espejodelpasado: Caerse en una escalera es el ejemplo perfecto de cómo el automatismo mata la atención. Los estudios muestran que la mayoría de las lesiones no ocurren al principio ni al final del tramo, sino en el medio — justo donde dejamos de mirar los pies y nos perdemos en nuestros pensamientos. Y lo más curioso es que las escaleras más peligrosas no son las empinadas ni las resbaladizas, sino las más comunes, porque son las que más subestimamos. Da curiosidad que los diseñadores aún discuten sobre el número óptimo de escalones por tramo, y muchos coinciden en el número 12 — después de ese punto, el cansancio y la desconcentración aumentan considerablemente. Verlo desde fuera da escalofríos, pero todos al menos una vez hemos sentido ese momento en el que la gravedad ya no pregunta tu opinión.