La amé tanto que, sin darme cuenta, empecé a encontrarla en cada canción, en cada pensamiento bonito y en cada momento del día; la amé tanto que su felicidad llegó a importarme como si fuera la mía, y aunque el tiempo pasara, una parte de mí seguía guardando cada recuerdo, cada sonrisa y cada instante que vivimos como algo que jamás quisiera olvidar.