@alma.murillo60:

Alma Murillo
Alma Murillo
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Wednesday 09 September 2026 08:59:56 GMT
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Comments

elsacardenas07
❤️🇲🇽ELSA𒆜🥷☬ :
Mi papa fallecio el 13 de septiembre y mi corazón esta rotoooo 😭😭😭😭
2026-10-13 00:03:17
2
_marily04
CL Mar MariLy❤🌻🌹 :
😭😭😭😭😭😭me dice que me ama pero cada que llamo no me responde y siempre me busca una excusa 😔😭 que está cansado, está de visita, conferencia, está dormido, etc.... y al final nose si soy prioridad o la llamada inoportuno 😭😔💔💔💔💔 y eso me duele mucho
2026-10-11 13:54:09
1
esterr_alvarez
Ester :
doi muito 😞
2026-10-08 01:52:15
0
mannygabriel.nava7
mannyGabriel Navarrete :
nose pierden nada señorita dele una sonrisa mejor a Este dia q es mas brillosa q El sol quien dijo tristesa
2026-09-10 14:28:03
3
mary.plaza82
Mary Plaza :
buenos dias
2026-09-29 13:06:15
0
pequenaestrella30
𝑃𝑒𝑞𝑢𝑒ñ𝑎 𝐸𝑠𝑡𝑟𝑒𝑙𝑙𝑎 :
2026-09-25 17:36:15
0
abelalbarez1
Abel Albarez :
♥️♥️♥️
2026-09-09 09:30:17
1
user273777908
Elizabethmartinez :
2026-09-19 04:00:45
1
jujucubanita1
@Yuneysi03🐍☣️♈️ :
😭😭😭😭
2026-09-28 04:54:15
1
esther_munoz1960
Esther :
2026-09-09 09:26:20
1
virginiasanchez6834
virginiasanchez6834 :
bendiciones
2026-09-19 18:34:06
1
almitaoficial2
A💙L🩵My💜TA💚 De♥️ Corazón :
2026-09-20 18:44:08
1
efrainramirez518
Efrain Ramirez :
ya tedir mistes
2026-10-05 06:48:53
0
marilu2647
marilu2647 :
🥹🥹🥹🥹🥹
2026-09-22 03:59:45
1
lupevega44
Maria :
😢😢😢
2026-09-15 05:20:32
1
doris.alveo6
Doris Alveño :
😭😭😭😭💔🥹🌹🌹🌹😡😡😡
2026-10-12 01:34:11
0
lucrecia.262
💔la diablita💔 :
😭😭😭
2026-10-09 04:21:15
0
ceci22.2022
😺Cєςץ 🖤🌻🎶 :
😿
2026-10-08 23:38:34
0
flor.del.carmen.a40
Flor del carmen Acua :
🥺🥺🥺🥺🥺🥺😢😢😢
2026-10-05 03:40:54
0
neydavillca12345
....AGNES..... :
🥺🥺🥺
2026-10-08 00:20:31
0
francymedina417
francymedina417 :
😥😥😥
2026-10-07 03:19:14
1
el.feo5909
El Feo :
💔
2026-10-04 04:23:04
0
el.feo5909
El Feo :
😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭
2026-10-04 04:22:38
0
gregabbott3
Greg Abbott :
😍😍😍
2026-09-09 18:00:01
0
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14 DE OCTUBRE DE 1986    POLICÍA NACIONAL ÁNGEL GONZÁLEZ DEL POZO) Yo pienso en la mujer que iba a casarse con Ángel González del Pozo. En su madre esperando en Huévar de Aljarafe. En todo lo que aún les pertenecía cuando Barcelona marcó las diez y media de la noche del 14 de octubre de 1986. Ángel tenía veintiocho años y servía en la X Compañía de la Reserva General de la Policía Nacional. Aquella noche estaba de guardia de puertas en el cuartel de Belchite, sede de la 411 Bandera, en la plaza de España. La ciudad seguía pasando delante de él. Viajeros entrando y saliendo del metro, paradas de autobuses, una estación de ferrocarril. Personas que querían llegar a casa. A unos metros, junto a las dependencias municipales contiguas al cuartel, frente al Instituto Municipal de Educación y en la esquina de la Cruz Cubierta, esperaba un Ford Granada robado en Guipúzcoa. Llevaba una matrícula duplicada: B-5636-EP. Dentro habían escondido veinticinco kilos de Goma 2, tornillos y eslabones de cadenas. La muerte tenía puesta una hora. Según los testimonios recogidos después, tres o cuatro personas huyeron corriendo segundos antes del estallido. Ellos se alejaban. Ángel permanecía en su puesto. A las 22:30, ETA rompió la noche. Imagino aquel segundo: el fogonazo, el golpe brutal del aire, los cristales convirtiéndose en cuchillas. El estruendo se oyó a kilómetros. La llamarada alcanzó la altura del cuartel; el asfalto quedó abierto. Fragmentos del coche volaron más de cien metros y una parte de la carrocería terminó en la copa de un árbol. Un camión municipal aparcado entre la bomba y las furgonetas policiales absorbió parte de la onda expansiva y evitó más muertos. Para Ángel no bastó. Lo asesinaron e hirieron a catorce personas. Entre ellas estaban los policías Antonio Ortiz Ortiz, Francisco Rivera Iglesias y Antonio Gómez Martín, con lesiones leves, y civiles sorprendidos junto al metro. En el Hospital Clínico ingresaron heridos y el cadáver de Ángel. Otros fueron trasladados a Bellvitge, Perecamps y la Cruz Roja de Hospitalet. La Policía acordonó la plaza, evacuó la zona del palacio número 1 de la Feria de Muestras y buscó más bombas. En el Paralelo, los artificieros provocaron una explosión en un Renault 5 robado. Mientras Barcelona buscaba otros explosivos, una familia iba a recibir una noticia contra la que no existe refugio. No invento las palabras que escucharon sus padres ni el grito de su novia. Me basta saber que había una boda próxima. Que alguien esperaba compartir con él una vida entera. En la Verneda instalaron la capilla ardiente. Narcís Serra acudió a visitarla. En el funeral, ante familiares, compañeros y autoridades, Julián Sancristóbal prendió en el ataúd la medalla de oro al mérito policial. Sonó el Himno Nacional entre sollozos. Dos compañías de la Policía y una de la Guardia Civil rindieron honores. Miles de personas aplaudieron cuando sus compañeros sacaron el féretro, envuelto en la bandera de España. El 16 de octubre, pasadas las seis, un Aviocar llegó a Sevilla. Al pie de la escalerilla esperaban su padre y su novia. En Huévar aguardaban su madre, Bernardo, su hermano policía municipal, y todo el pueblo. El novio regresaba encerrado en un ataúd. Lo recibieron ante el Ayuntamiento. Después, en Nuestra Señora de la Asunción, el párroco Francisco Ortiz leyó un responso: la misa quedaba para el día siguiente. Lo acompañaban los estandartes de las cofradías, entre ellas el Cristo de la Sangre, a la que pertenecía. Siete coronas y numerosos ramos precedieron el cortejo. Hacia las ocho lo enterraron en un cementerio alumbrado con linternas. ETA reivindicó el crimen. Mercedes Ernaga fue condenada a setenta y cinco años; Rafael Caride, a ciento dos. Ángel tenía veintiocho. Y derecho a vivir. Que la pesada losa del tiempo no borre su memoria. Que no se olvide
14 DE OCTUBRE DE 1986 POLICÍA NACIONAL ÁNGEL GONZÁLEZ DEL POZO) Yo pienso en la mujer que iba a casarse con Ángel González del Pozo. En su madre esperando en Huévar de Aljarafe. En todo lo que aún les pertenecía cuando Barcelona marcó las diez y media de la noche del 14 de octubre de 1986. Ángel tenía veintiocho años y servía en la X Compañía de la Reserva General de la Policía Nacional. Aquella noche estaba de guardia de puertas en el cuartel de Belchite, sede de la 411 Bandera, en la plaza de España. La ciudad seguía pasando delante de él. Viajeros entrando y saliendo del metro, paradas de autobuses, una estación de ferrocarril. Personas que querían llegar a casa. A unos metros, junto a las dependencias municipales contiguas al cuartel, frente al Instituto Municipal de Educación y en la esquina de la Cruz Cubierta, esperaba un Ford Granada robado en Guipúzcoa. Llevaba una matrícula duplicada: B-5636-EP. Dentro habían escondido veinticinco kilos de Goma 2, tornillos y eslabones de cadenas. La muerte tenía puesta una hora. Según los testimonios recogidos después, tres o cuatro personas huyeron corriendo segundos antes del estallido. Ellos se alejaban. Ángel permanecía en su puesto. A las 22:30, ETA rompió la noche. Imagino aquel segundo: el fogonazo, el golpe brutal del aire, los cristales convirtiéndose en cuchillas. El estruendo se oyó a kilómetros. La llamarada alcanzó la altura del cuartel; el asfalto quedó abierto. Fragmentos del coche volaron más de cien metros y una parte de la carrocería terminó en la copa de un árbol. Un camión municipal aparcado entre la bomba y las furgonetas policiales absorbió parte de la onda expansiva y evitó más muertos. Para Ángel no bastó. Lo asesinaron e hirieron a catorce personas. Entre ellas estaban los policías Antonio Ortiz Ortiz, Francisco Rivera Iglesias y Antonio Gómez Martín, con lesiones leves, y civiles sorprendidos junto al metro. En el Hospital Clínico ingresaron heridos y el cadáver de Ángel. Otros fueron trasladados a Bellvitge, Perecamps y la Cruz Roja de Hospitalet. La Policía acordonó la plaza, evacuó la zona del palacio número 1 de la Feria de Muestras y buscó más bombas. En el Paralelo, los artificieros provocaron una explosión en un Renault 5 robado. Mientras Barcelona buscaba otros explosivos, una familia iba a recibir una noticia contra la que no existe refugio. No invento las palabras que escucharon sus padres ni el grito de su novia. Me basta saber que había una boda próxima. Que alguien esperaba compartir con él una vida entera. En la Verneda instalaron la capilla ardiente. Narcís Serra acudió a visitarla. En el funeral, ante familiares, compañeros y autoridades, Julián Sancristóbal prendió en el ataúd la medalla de oro al mérito policial. Sonó el Himno Nacional entre sollozos. Dos compañías de la Policía y una de la Guardia Civil rindieron honores. Miles de personas aplaudieron cuando sus compañeros sacaron el féretro, envuelto en la bandera de España. El 16 de octubre, pasadas las seis, un Aviocar llegó a Sevilla. Al pie de la escalerilla esperaban su padre y su novia. En Huévar aguardaban su madre, Bernardo, su hermano policía municipal, y todo el pueblo. El novio regresaba encerrado en un ataúd. Lo recibieron ante el Ayuntamiento. Después, en Nuestra Señora de la Asunción, el párroco Francisco Ortiz leyó un responso: la misa quedaba para el día siguiente. Lo acompañaban los estandartes de las cofradías, entre ellas el Cristo de la Sangre, a la que pertenecía. Siete coronas y numerosos ramos precedieron el cortejo. Hacia las ocho lo enterraron en un cementerio alumbrado con linternas. ETA reivindicó el crimen. Mercedes Ernaga fue condenada a setenta y cinco años; Rafael Caride, a ciento dos. Ángel tenía veintiocho. Y derecho a vivir. Que la pesada losa del tiempo no borre su memoria. Que no se olvide

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