@.spicy037: #indonesia🇮🇩 #fyoupage #CapCut @vera.wati184 happy birthday kak Vera best for you

💙🦋⃝❉⃟࿔ꦿsweety🦋⃝❉⃟࿔ꦿ💙
💙🦋⃝❉⃟࿔ꦿsweety🦋⃝❉⃟࿔ꦿ💙
Open In TikTok:
Region: SG
Sunday 13 September 2026 03:06:54 GMT
149
34
0
3

Music

Download

Comments

There are no more comments for this video.
To see more videos from user @.spicy037, please go to the Tikwm homepage.

Other Videos

Soy mamá soltera, intenté salir con un papá soltero, pero me priorizaba más que a sus hijos... así que mejor de lejitos. Bye Soy mamá soltera desde hace varios años y, aunque aprendí a disfrutar muchísimo mi vida con mis hijos, también llegó un momento en el que pensé que quizá podía darme una oportunidad en el amor. No buscaba un príncipe azul. A estas alturas de mi vida, con hijos, trabajo, cuentas y una casa que mantener, con que el hombre supiera comunicarse sin desaparecer tres días ya me parecía bastante atractivo. Un día conocí a un papá soltero. Él también tenía hijos y, al principio, eso me pareció algo hermoso. Pensé: —Por fin alguien que entiende lo que significa tener responsabilidades. Nos empezamos a conocer. Me contaba de sus hijos, de las cosas que hacía con ellos, de las dificultades que tenía como padre y de lo complicado que era organizarse. Yo lo escuchaba porque entendía perfectamente. Una noche me dijo: —Me gusta que seas mamá. Siento que tú sí entiendes mi situación. Sonreí. —Y yo siento que tú entiendes la mía. Qué equivocada estaba. Al principio todo era lindo. Me escribía por las mañanas. Me preguntaba cómo estaban mis hijos. Me decía que algún día quería conocerlos. Incluso hablábamos de hacer una salida todos juntos. Yo pensé que quizá había encontrado a alguien con quien podía construir algo tranquilo. Pero poco a poco empezaron a aparecer ciertas cosas que me hicieron ruido. La primera fue que comenzó a molestarse cuando yo cancelaba una cita porque alguno de mis hijos me necesitaba. Una tarde habíamos quedado en salir a cenar. Justo antes de arreglarme, mi hijo me llamó porque se sentía mal. No era una emergencia, pero necesitaba que fuera por él. Le escribí: —Perdón, ¿podemos dejarlo para otro día? Mi hijo no se siente bien y voy a buscarlo. Tardó unos minutos en responder. —Siempre pasa algo. Me quedé mirando el teléfono. —¿Cómo que siempre pasa algo? Es mi hijo. —Ya sé que es tu hijo, pero también tienes que aprender a priorizar tu vida. Me quedé helada. Le contesté: —Mi vida incluye a mis hijos. Él no respondió. Al día siguiente apareció como si nada. —¿Ya estás mejor? —Sí. —Entonces olvidemos lo de ayer. Yo intenté hacerlo. Pero algo había cambiado. Porque después empecé a notar que él exigía cosas que yo jamás le habría exigido a él. Si estaba con sus hijos, yo entendía. Si cancelaba porque tenía una actividad escolar, yo entendía. Si tenía que llevarlos al médico, yo entendía. Si un fin de semana no podía verme porque estaba con ellos, jamás se lo reclamaba. Pero cuando la situación era al revés, parecía que mis hijos se convertían en un inconveniente. Una tarde estábamos hablando por teléfono y me dijo: —Este fin de semana quiero que seas solamente para mí. Me reí. —¿Cómo que solamente para ti? —Quiero que dejemos todo atrás y pasemos dos días juntos. —No puedo. Tengo a mis hijos. —Pero siempre tienes a tus hijos. Me quedé en silencio. —¿Perdón? —Digo que podrías dejarlos con alguien. Ahí se me borró la sonrisa. —No. —¿No qué? —No voy a dejar a mis hijos para irme contigo. Suspiró. —Por eso digo que nunca vas a poder tener una relación normal. Sentí una tristeza enorme. Porque entendí que él no estaba buscando una mujer que tuviera una familia. Estaba buscando una mujer que tuviera hijos, pero que actuara como si no los tuviera. Y eso conmigo no iba a pasar. Aun así, seguí intentando. Porque una parte de mí pensaba que quizá estaba exagerando. Hasta que un día ocurrió algo que me terminó de abrir los ojos. Él tenía una hija adolescente. Me había contado muchas veces que ella era complicada, que estaba pasando por una etapa difícil y que necesitaba atención. Yo siempre le decía: —Ten paciencia con ella. Él respondía: —Sí, sí, ya sé. Un viernes habíamos quedado en vernos. Yo ya estaba lista cuando me llamó. —No voy a poder. —¿Pasó algo? —Mi hija quiere que la lleve a comprar unas cosas. —Ah, está bien. —Nos vemos mañana. —Claro. No me molestó. Al contrario. Me pareció perfecto que eligiera estar con su hija. Al día siguiente, sin embargo, me llamó molesto. —¿Por qué ayer no pudis
Soy mamá soltera, intenté salir con un papá soltero, pero me priorizaba más que a sus hijos... así que mejor de lejitos. Bye Soy mamá soltera desde hace varios años y, aunque aprendí a disfrutar muchísimo mi vida con mis hijos, también llegó un momento en el que pensé que quizá podía darme una oportunidad en el amor. No buscaba un príncipe azul. A estas alturas de mi vida, con hijos, trabajo, cuentas y una casa que mantener, con que el hombre supiera comunicarse sin desaparecer tres días ya me parecía bastante atractivo. Un día conocí a un papá soltero. Él también tenía hijos y, al principio, eso me pareció algo hermoso. Pensé: —Por fin alguien que entiende lo que significa tener responsabilidades. Nos empezamos a conocer. Me contaba de sus hijos, de las cosas que hacía con ellos, de las dificultades que tenía como padre y de lo complicado que era organizarse. Yo lo escuchaba porque entendía perfectamente. Una noche me dijo: —Me gusta que seas mamá. Siento que tú sí entiendes mi situación. Sonreí. —Y yo siento que tú entiendes la mía. Qué equivocada estaba. Al principio todo era lindo. Me escribía por las mañanas. Me preguntaba cómo estaban mis hijos. Me decía que algún día quería conocerlos. Incluso hablábamos de hacer una salida todos juntos. Yo pensé que quizá había encontrado a alguien con quien podía construir algo tranquilo. Pero poco a poco empezaron a aparecer ciertas cosas que me hicieron ruido. La primera fue que comenzó a molestarse cuando yo cancelaba una cita porque alguno de mis hijos me necesitaba. Una tarde habíamos quedado en salir a cenar. Justo antes de arreglarme, mi hijo me llamó porque se sentía mal. No era una emergencia, pero necesitaba que fuera por él. Le escribí: —Perdón, ¿podemos dejarlo para otro día? Mi hijo no se siente bien y voy a buscarlo. Tardó unos minutos en responder. —Siempre pasa algo. Me quedé mirando el teléfono. —¿Cómo que siempre pasa algo? Es mi hijo. —Ya sé que es tu hijo, pero también tienes que aprender a priorizar tu vida. Me quedé helada. Le contesté: —Mi vida incluye a mis hijos. Él no respondió. Al día siguiente apareció como si nada. —¿Ya estás mejor? —Sí. —Entonces olvidemos lo de ayer. Yo intenté hacerlo. Pero algo había cambiado. Porque después empecé a notar que él exigía cosas que yo jamás le habría exigido a él. Si estaba con sus hijos, yo entendía. Si cancelaba porque tenía una actividad escolar, yo entendía. Si tenía que llevarlos al médico, yo entendía. Si un fin de semana no podía verme porque estaba con ellos, jamás se lo reclamaba. Pero cuando la situación era al revés, parecía que mis hijos se convertían en un inconveniente. Una tarde estábamos hablando por teléfono y me dijo: —Este fin de semana quiero que seas solamente para mí. Me reí. —¿Cómo que solamente para ti? —Quiero que dejemos todo atrás y pasemos dos días juntos. —No puedo. Tengo a mis hijos. —Pero siempre tienes a tus hijos. Me quedé en silencio. —¿Perdón? —Digo que podrías dejarlos con alguien. Ahí se me borró la sonrisa. —No. —¿No qué? —No voy a dejar a mis hijos para irme contigo. Suspiró. —Por eso digo que nunca vas a poder tener una relación normal. Sentí una tristeza enorme. Porque entendí que él no estaba buscando una mujer que tuviera una familia. Estaba buscando una mujer que tuviera hijos, pero que actuara como si no los tuviera. Y eso conmigo no iba a pasar. Aun así, seguí intentando. Porque una parte de mí pensaba que quizá estaba exagerando. Hasta que un día ocurrió algo que me terminó de abrir los ojos. Él tenía una hija adolescente. Me había contado muchas veces que ella era complicada, que estaba pasando por una etapa difícil y que necesitaba atención. Yo siempre le decía: —Ten paciencia con ella. Él respondía: —Sí, sí, ya sé. Un viernes habíamos quedado en vernos. Yo ya estaba lista cuando me llamó. —No voy a poder. —¿Pasó algo? —Mi hija quiere que la lleve a comprar unas cosas. —Ah, está bien. —Nos vemos mañana. —Claro. No me molestó. Al contrario. Me pareció perfecto que eligiera estar con su hija. Al día siguiente, sin embargo, me llamó molesto. —¿Por qué ayer no pudis

About