Lupita ML :
Una vez, mi tía le confesó a mi papá que muchas veces le pedían dinero para comprar las medicinas de mi abuela, pero en realidad ese dinero se lo gastaban yendo a la plaza con mis primos. Ellas vivían en Puebla y nosotros en Veracruz.
Mis tías se habían casado con hombres con buena posición económica y, después de divorciarse, recibían pensión alimenticia. Mientras tanto, mi papá vivía endeudado tratando de cumplir con las necesidades de mi abuela y, al mismo tiempo, con las de su propia familia: mi mamá, mis hermanos y yo.
Nosotros prácticamente dejamos de hacer muchas cosas porque no alcanzaba el dinero. Nunca salíamos de vacaciones, dejamos de ir a restaurantes, de comprar comida fuera y de comprar ropa nueva. Incluso salir al parque era algo que muchas veces no podíamos hacer porque no había dinero. Hubo ocasiones en las que ni siquiera alcanzaba para los gastos básicos de la casa.
Y, además de todo eso, también querían sacarnos de la casa. Eso hacía que la situación fuera todavía más dolorosa, porque mientras mi papá hacía tantos sacrificios por su mamá y por sus hermanas, nosotros estábamos viviendo con muchas carencias y hasta con el miedo de perder nuestra casa.
Por eso, durante mucho tiempo le guardé rencor a mi abuela, que ya falleció, y a mis tías. Me dolía sentir que mi papá daba todo lo que podía por ellas, mientras nosotros también estábamos pasando necesidades, y que ellas no pensaban en cómo todo eso nos afectaba.
2026-09-15 22:09:43