Prof. Armando Ávila :
Coincido con Aleks Syntek en que buena parte de la música que alcanza enorme popularidad en la actualidad puede ser, desde el punto de vista artístico, francamente pobre. Sin embargo, vende, se reproduce millones de veces y se convierte en fenómeno de masas porque vivimos en una época en la que la popularidad no necesariamente es consecuencia de la calidad. El consumo inmediato, los algoritmos, las tendencias y una formación cultural cada vez menos exigente pueden convertir productos artísticamente mediocres en éxitos extraordinarios. Y esto no ocurre solamente con la música: puede suceder con prácticamente cualquier expresión artística. La fotografía, por supuesto, ha evolucionado. La tecnología ha ampliado extraordinariamente sus posibilidades, del mismo modo que lo ha hecho con la música, el cine, la literatura y muchas otras disciplinas. Las herramientas digitales pueden enriquecer el trabajo de un fotógrafo, facilitar procesos y abrir posibilidades creativas que hace algunas décadas parecían inimaginables. Pero una herramienta, por sofisticada que sea, no sustituye el talento, la formación ni la sensibilidad. De poco sirve disponer de la mejor cámara, del software más avanzado o incluso de inteligencia artificial si terminamos creyendo que la tecnología puede reemplazar por completo el dominio de la luz, la composición, el encuadre, el color, la técnica y, sobre todo, la capacidad de mirar. No todo lo nuevo es malo, ni todo lo antiguo fue necesariamente mejor. Pero tampoco debemos caer en el extremo contrario: confundir popularidad con talento, éxito comercial con calidad o millones de reproducciones con mérito artístico. La tecnología puede potenciar al artista; lo que difícilmente puede hacer es convertir, por sí sola, la ausencia de oficio y sensibilidad en arte.
2026-09-20 13:28:11