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Djul2
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Saturday 03 October 2026 15:52:08 GMT
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papaluiz.cama3
LUIZ 🍯 :
Wesh 😂
2026-10-03 16:53:48
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dj0ul2
Djul2 :
BG
2026-10-03 16:10:17
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tene.kone10
Dana conde :
🥰🥰🥰
2026-10-03 20:27:44
0
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Hay personas que llegan a la vida de uno como un refugio en medio de la tormenta, aun cuando no sepan de qué nos están salvando. Todo empezó de la forma más inesperada, en la luz parpadeante de un live de TikTok. Un comentario, un mensaje privado y una propuesta sencilla: querer ser amigos. Desde el primer momento hubo reglas claras. Tenía una relación y, por respeto, puse mis condiciones. Él las aceptó sin dudar. No había intención de cruzar límites, solo dos almas encontrándose en el vasto espacio digital. Con el paso de los días, las horas frente a la pantalla se convirtieron en mi lugar seguro. Hablar con él, jugar juntos, escuchar su voz por llamada durante las noches... todo se sentía diferente, cálido. Por primera vez en mucho tiempo, en medio de un entorno que a veces me pesaba, me sentí comprendida, querida y cuidada. Él no lo sabía, pero con su sola presencia me estaba salvando de un vacío enorme. Pero el corazón es impredecible. Yo no quería enamorarme. Sabía que tenía una pareja y no quería fallar, pero el sentimiento fue creciendo en silencio. Tuve que tragarme las palabras, guardar los abrazos que quería darle a la distancia y ocultar todo lo que estaba empezando a florecer dentro de mí. Poco a poco fuimos conociendo las cicatrices del otro. Él me contó su propia sombra: la partida de alguien a quien amó, el luto que cargaba y cómo sentía que no podía más con la vida, jurándose no volver a enamorarse. Sin embargo, el tiempo hizo lo suyo y un día me confesó que le gustaba. Abrí mi corazón y le correspondí, pero el alivio duró segundos antes de que la culpa me golpeara. Estaba mal. Lo que hacía me pesaba en la conciencia. Él sintió el dolor de la incertidumbre y quiso alejarse para no salir lastimado. Yo me aterré. Me cuesta enormemente soltar a las personas que quiero, así que le pedí que se quedara. Él decidió hacerlo, pero las cosas ya no volvieron a ser iguales. A veces me nacía llamarlo con apodos cariñosos, demostrarle todo este afecto retenido, pero me aguantaba. Aunque mi relación de entonces no iba bien y se caía a pedazos, sabía que eso no justificaba ser infiel. Fantaseábamos con la idea de conocernos en persona algún día, un sueño bonito que me consolaba, aun sabiendo en el fondo que tal vez nunca se cumpliría. El tiempo no perdona. La cercanía comenzó a desgastarse. Él se volvió cada vez más distante y yo, para protegerme, me fui haciendo fría. Me guardaba todo. Dejé de hablar, él dejó de insistir, y un día simplemente tomó la decisión de marcharse en silencio. Lo que él no supo es que mientras él se alejaba, mi mundo se terminaba de derrumbar. No supo que esa relación a la que intenté serle fiel desapareció por completo, ni que yo misma me sentía al borde de desaparecer. Estaba rota por dentro, cargando con desilusiones, mentiras y grietas que venían de mucho antes. Hoy nos hablamos de vez en cuando, pero sé que el hilo se rompió. Me duele, no lo voy a negar, pero también sé de qué estoy hecha y sé que puedo con esto. Solo me queda un deseo: si la decisión final es alejarse para siempre, le pido a la vida que me borre por completo de su memoria para que pueda sanar sin sombras. Sé que cometí errores y que le hice daño, pero también sé que ambos teníamos el corazón lastimado. Por eso, desde mi rincón y en silencio, solo le pido a Dios que me lo cuide, me lo proteja y le permita cumplir cada uno de sus sueños. Se merece lo mejor del mundo, incluso si nuestros caminos ya no se cruzan jamás.
Hay personas que llegan a la vida de uno como un refugio en medio de la tormenta, aun cuando no sepan de qué nos están salvando. Todo empezó de la forma más inesperada, en la luz parpadeante de un live de TikTok. Un comentario, un mensaje privado y una propuesta sencilla: querer ser amigos. Desde el primer momento hubo reglas claras. Tenía una relación y, por respeto, puse mis condiciones. Él las aceptó sin dudar. No había intención de cruzar límites, solo dos almas encontrándose en el vasto espacio digital. Con el paso de los días, las horas frente a la pantalla se convirtieron en mi lugar seguro. Hablar con él, jugar juntos, escuchar su voz por llamada durante las noches... todo se sentía diferente, cálido. Por primera vez en mucho tiempo, en medio de un entorno que a veces me pesaba, me sentí comprendida, querida y cuidada. Él no lo sabía, pero con su sola presencia me estaba salvando de un vacío enorme. Pero el corazón es impredecible. Yo no quería enamorarme. Sabía que tenía una pareja y no quería fallar, pero el sentimiento fue creciendo en silencio. Tuve que tragarme las palabras, guardar los abrazos que quería darle a la distancia y ocultar todo lo que estaba empezando a florecer dentro de mí. Poco a poco fuimos conociendo las cicatrices del otro. Él me contó su propia sombra: la partida de alguien a quien amó, el luto que cargaba y cómo sentía que no podía más con la vida, jurándose no volver a enamorarse. Sin embargo, el tiempo hizo lo suyo y un día me confesó que le gustaba. Abrí mi corazón y le correspondí, pero el alivio duró segundos antes de que la culpa me golpeara. Estaba mal. Lo que hacía me pesaba en la conciencia. Él sintió el dolor de la incertidumbre y quiso alejarse para no salir lastimado. Yo me aterré. Me cuesta enormemente soltar a las personas que quiero, así que le pedí que se quedara. Él decidió hacerlo, pero las cosas ya no volvieron a ser iguales. A veces me nacía llamarlo con apodos cariñosos, demostrarle todo este afecto retenido, pero me aguantaba. Aunque mi relación de entonces no iba bien y se caía a pedazos, sabía que eso no justificaba ser infiel. Fantaseábamos con la idea de conocernos en persona algún día, un sueño bonito que me consolaba, aun sabiendo en el fondo que tal vez nunca se cumpliría. El tiempo no perdona. La cercanía comenzó a desgastarse. Él se volvió cada vez más distante y yo, para protegerme, me fui haciendo fría. Me guardaba todo. Dejé de hablar, él dejó de insistir, y un día simplemente tomó la decisión de marcharse en silencio. Lo que él no supo es que mientras él se alejaba, mi mundo se terminaba de derrumbar. No supo que esa relación a la que intenté serle fiel desapareció por completo, ni que yo misma me sentía al borde de desaparecer. Estaba rota por dentro, cargando con desilusiones, mentiras y grietas que venían de mucho antes. Hoy nos hablamos de vez en cuando, pero sé que el hilo se rompió. Me duele, no lo voy a negar, pero también sé de qué estoy hecha y sé que puedo con esto. Solo me queda un deseo: si la decisión final es alejarse para siempre, le pido a la vida que me borre por completo de su memoria para que pueda sanar sin sombras. Sé que cometí errores y que le hice daño, pero también sé que ambos teníamos el corazón lastimado. Por eso, desde mi rincón y en silencio, solo le pido a Dios que me lo cuide, me lo proteja y le permita cumplir cada uno de sus sueños. Se merece lo mejor del mundo, incluso si nuestros caminos ya no se cruzan jamás.

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