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¿Cuántas ciudades necesita un hombre para que el mundo nunca olvide su nombre? Alejandro Magno no se conformó con una. Desde Egipto hasta Asia Central, fue sembrando Alejandrías por todo el mapa. Pero Plutarco, en su Vida de Alejandro, guardó dos ciudades con nombres que no eran el suyo. La primera llevaba el de un caballo. En el 326 a.C., tras la batalla contra el rey Poro, murió Bucéfalo. Plutarco cuenta que Alejandro sintió que había perdido a un compañero y amigo. Junto al río Hidaspes fundó una ciudad y la llamó Bucéfala. Esa ciudad aparece en varios textos antiguos, aunque hoy tampoco se sabe con certeza dónde estaba. La segunda es la que casi nadie conoce. En ese mismo pasaje, Plutarco añade que, «se dice», cuando Alejandro perdió a Peritas, un perro que él mismo había criado y al que quería, fundó una ciudad y le puso su nombre. Un perro. No un general, ni un dios, ni un rey. Plutarco no lo da por seguro: atribuye la historia a Sotión, que decía haberla oído de Potamón de Lesbos. Un relato de tercera mano, siglos después. Por eso nadie sabe dónde estuvo esa ciudad, ni siquiera si llegó a existir. Hasta hoy, no se ha encontrado ningún rastro de ella. Solo queda una línea en un libro. Esa línea cuenta que el hombre que levantó un imperio desde Grecia hasta la India, rodeado de ejércitos y aduladores, tuvo un perro al que vio crecer. Que lo amó. Que lo perdió. Y que quiso convertir su recuerdo en calles, casas y murallas. Hace más de 2.300 años, aquel conquistador hizo lo mismo que tantos hacemos hoy: buscar la manera de que el amor por un perro no desaparezca con él. Las ciudades caen. Los imperios se olvidan. Pero el nombre de Peritas sigue aquí. #NotasdeMascotas #AlejandroMagno #HistoriaCanina #MiMejorAmigoProgradeTv #CapCut
¿Cuántas ciudades necesita un hombre para que el mundo nunca olvide su nombre? Alejandro Magno no se conformó con una. Desde Egipto hasta Asia Central, fue sembrando Alejandrías por todo el mapa. Pero Plutarco, en su Vida de Alejandro, guardó dos ciudades con nombres que no eran el suyo. La primera llevaba el de un caballo. En el 326 a.C., tras la batalla contra el rey Poro, murió Bucéfalo. Plutarco cuenta que Alejandro sintió que había perdido a un compañero y amigo. Junto al río Hidaspes fundó una ciudad y la llamó Bucéfala. Esa ciudad aparece en varios textos antiguos, aunque hoy tampoco se sabe con certeza dónde estaba. La segunda es la que casi nadie conoce. En ese mismo pasaje, Plutarco añade que, «se dice», cuando Alejandro perdió a Peritas, un perro que él mismo había criado y al que quería, fundó una ciudad y le puso su nombre. Un perro. No un general, ni un dios, ni un rey. Plutarco no lo da por seguro: atribuye la historia a Sotión, que decía haberla oído de Potamón de Lesbos. Un relato de tercera mano, siglos después. Por eso nadie sabe dónde estuvo esa ciudad, ni siquiera si llegó a existir. Hasta hoy, no se ha encontrado ningún rastro de ella. Solo queda una línea en un libro. Esa línea cuenta que el hombre que levantó un imperio desde Grecia hasta la India, rodeado de ejércitos y aduladores, tuvo un perro al que vio crecer. Que lo amó. Que lo perdió. Y que quiso convertir su recuerdo en calles, casas y murallas. Hace más de 2.300 años, aquel conquistador hizo lo mismo que tantos hacemos hoy: buscar la manera de que el amor por un perro no desaparezca con él. Las ciudades caen. Los imperios se olvidan. Pero el nombre de Peritas sigue aquí. #NotasdeMascotas #AlejandroMagno #HistoriaCanina #MiMejorAmigoProgradeTv #CapCut

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