No le temo a los años…
le temo a vivir sin sentido.
Envejecer es inevitable, pero dejar de aprender, de soñar, de amar y de agradecer… eso sí sería empezar a perder la vida.
Que pasen los años, que lleguen las arrugas y que el tiempo deje sus huellas.
Mientras el corazón siga teniendo curiosidad, ganas de amar y motivos para agradecer, seguiremos siendo jóvenes de alma.
Porque cada año no nos aleja de la vida: nos acerca a su esencia. Y mientras tengamos algo que amar, un sueño que perseguir y gratitud en el corazón, no estaremos envejeciendo; estaremos aprendiendo a vivir de verdad. 🌹