@andrewspiritualmedium: Losing a mum #andrewspiritualmedium #fyp #spiritual #mum #grief

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Tuesday 08 September 2026 18:13:22 GMT
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penley57
Penley57 :
I went to ring my Mum the other week.😪🥰
2026-09-10 14:18:40
1
jakkicooper
Jakki cooper :
Lost her 30/12/89 she was 41 I was 13 💔💔
2026-09-10 13:21:31
1
polishpinky.78
TimeWarp925 :
8 months since she left us.
2026-09-08 23:11:59
1
mrsm.2024
▪️Hayley▪️M R S M▪️ :
16 months since my mum passed suddenly... every single day I wish she was here still and I could speak to her 💔
2026-09-08 18:52:31
1
xreddevilx124
❌Tammy❌ :
Lost my mom 2018 ill never be the same again
2026-09-08 19:01:37
1
mum31872
mum :
I’m lost and broken 😔💔without my beautiful mum 💔🌹
2026-09-08 18:16:44
0
theedannyobrien
Danny O’Brien :
🫶
2026-09-08 20:01:23
1
stevieyazmin
StevieYazmin 💥 :
❤️❤️❤️
2026-09-08 18:32:56
1
beauitfullybroken1406
KSS 🍂 🤍 :
🥺🥺🥺
2026-09-08 18:28:41
1
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Fui al acto escolar de mi hija vestida de empleada de limpieza… y mi hija hizo lo impensable (y yo casi me desmayo, pero con dignidad). Esa mañana abrí el placard como quien abre un portal mágico esperando encontrar, por obra y gracia del universo, un vestido hermoso que jamás había visto. Spoiler: no había ningún vestido. Había dos jeans cansados de la vida, tres remeras que ya habían vivido demasiadas batallas, un buzo con una mancha que yo juraba que algún día iba a salir… y mi glorioso uniforme celeste de trabajo. El uniforme que me había acompañado durante tantas horas. El que conocía mis madrugadas. El que había sobrevivido a lavados, manchas, corridas, colectivos, dolores de espalda y días en los que llegaba a casa sin ganas ni de sacarme los zapatos. Lo miré. Él me miró. Bueno… técnicamente era una prenda, pero yo sentí que me juzgaba. —Hoy no —le dije—. Por favor, hoy no. Entonces escuché la voz de mi hija desde la cocina. —¡Mami! ¿Ya estás lista? —¡Casi! —mentí. Sofía apareció en la puerta. Tenía puesto su vestido para el acto, el pelo acomodado con dos moñitos y una sonrisa enorme. —¿Te vas a poner eso? Miré mi uniforme. Después la miré a ella. —Sí. —¿No tenés otra cosa? Tragué saliva. —Tengo otra remera. —No, mami. Para el acto. Sonreí. —No pasa nada, hija. Vamos así. Ella me miró unos segundos. —A mí me gusta. Y esa frase, aunque sencilla, me hizo sonreír. Porque los chicos no ven las cosas como nosotros. Ellos no piensan si la ropa es cara, si combina, si está de moda o si alguien va a juzgarnos. Ellos solo ven a la persona que quieren. Me até el pelo, me puse un poco de crema en la cara porque maquillaje ya era pedirle demasiado al universo y me miré al espejo. Suspiré. —Bueno… al menos estoy limpia. Agarré mi cartera. —Punto a favor. Sofía se empezó a reír. —¡Mami! —¿Qué? —Sos graciosa. —No, hija. Soy pobre, cansada y creativa. Es diferente. Salimos de casa. Durante el camino, Sofía no paró de hablar. —Y después digo el poema. —Ajá. —Y después cantamos. —Ajá. —Y después la seño dijo que tenemos que quedarnos quietitos. —Eso va a ser difícil. —¿Por qué? —Porque vos heredaste mis genes. —¿Y eso qué significa? —Que somos incapaces de quedarnos quietas. Se rio. Llegamos a la escuela. Y ahí fue cuando mi seguridad desapareció. Porque apenas entré vi a las otras madres. Vestidos bonitos. Pelo recién arreglado. Maquillaje. Perfume. Zapatos impecables. Algunas parecían estar listas para una boda. Yo parecía estar lista para limpiar un edificio de ocho pisos. Me quedé parada unos segundos en la entrada. Sofía me agarró de la mano. —Vamos, mami. —Sí, sí… —¿Qué pasa? —Nada. —Estás rara. —Estoy contemplando mi existencia. —¿Qué es eso? —Después te explico. Busqué un lugar al fondo. Uno estratégico. Donde pudiera convertirme en planta decorativa. No quería llamar la atención. Me senté, acomodé la cartera sobre mis piernas y respiré. Hasta que escuché unas voces detrás de mí. —¿Ella trabaja acá? —Creo que sí. —No, debe ser la mamá de alguno de los chicos. —Ah… Y después una voz dijo bajito: —Pobrecita, vino con el uniforme. Sentí que me ardían las orejas. No dije nada. Porque aprendí hace tiempo que hay batallas que no necesitan respuesta. Pero por dentro pensé: “Pobrecita tu educación.” Después respiré. No había ido ahí para competir con nadie. Había ido a ver a mi hija. Y eso era lo único que importaba. Comenzó el acto. La directora habló. Los chicos cantaron. Uno se olvidó la letra. Otro empezó a saludar a su papá. Una nena se puso a llorar. Otro niño se quedó completamente quieto mirando al techo como si estuviera teniendo una revelación espiritual. Todos reímos. Y entonces llegó el turno de Sofía. La vi caminar hacia el escenario. Mi corazón empezó a latir fuerte. Ella llevaba su pequeño papel en la mano. Se paró frente al micrófono. Miró a la maestra. Después miró al público. Y finalmente me miró a mí. Sonrió. Yo levanté la mano y le hice un pequeño gesto. “Estoy acá.” Entonces comenzó. —Hoy quiero decir un poema… Todo iba perfecto. Hasta que hizo una pausa. Y dijo: —Pero antes quiero hablar de mi mamá. Yo sentí que el alma abandonaba mi
Fui al acto escolar de mi hija vestida de empleada de limpieza… y mi hija hizo lo impensable (y yo casi me desmayo, pero con dignidad). Esa mañana abrí el placard como quien abre un portal mágico esperando encontrar, por obra y gracia del universo, un vestido hermoso que jamás había visto. Spoiler: no había ningún vestido. Había dos jeans cansados de la vida, tres remeras que ya habían vivido demasiadas batallas, un buzo con una mancha que yo juraba que algún día iba a salir… y mi glorioso uniforme celeste de trabajo. El uniforme que me había acompañado durante tantas horas. El que conocía mis madrugadas. El que había sobrevivido a lavados, manchas, corridas, colectivos, dolores de espalda y días en los que llegaba a casa sin ganas ni de sacarme los zapatos. Lo miré. Él me miró. Bueno… técnicamente era una prenda, pero yo sentí que me juzgaba. —Hoy no —le dije—. Por favor, hoy no. Entonces escuché la voz de mi hija desde la cocina. —¡Mami! ¿Ya estás lista? —¡Casi! —mentí. Sofía apareció en la puerta. Tenía puesto su vestido para el acto, el pelo acomodado con dos moñitos y una sonrisa enorme. —¿Te vas a poner eso? Miré mi uniforme. Después la miré a ella. —Sí. —¿No tenés otra cosa? Tragué saliva. —Tengo otra remera. —No, mami. Para el acto. Sonreí. —No pasa nada, hija. Vamos así. Ella me miró unos segundos. —A mí me gusta. Y esa frase, aunque sencilla, me hizo sonreír. Porque los chicos no ven las cosas como nosotros. Ellos no piensan si la ropa es cara, si combina, si está de moda o si alguien va a juzgarnos. Ellos solo ven a la persona que quieren. Me até el pelo, me puse un poco de crema en la cara porque maquillaje ya era pedirle demasiado al universo y me miré al espejo. Suspiré. —Bueno… al menos estoy limpia. Agarré mi cartera. —Punto a favor. Sofía se empezó a reír. —¡Mami! —¿Qué? —Sos graciosa. —No, hija. Soy pobre, cansada y creativa. Es diferente. Salimos de casa. Durante el camino, Sofía no paró de hablar. —Y después digo el poema. —Ajá. —Y después cantamos. —Ajá. —Y después la seño dijo que tenemos que quedarnos quietitos. —Eso va a ser difícil. —¿Por qué? —Porque vos heredaste mis genes. —¿Y eso qué significa? —Que somos incapaces de quedarnos quietas. Se rio. Llegamos a la escuela. Y ahí fue cuando mi seguridad desapareció. Porque apenas entré vi a las otras madres. Vestidos bonitos. Pelo recién arreglado. Maquillaje. Perfume. Zapatos impecables. Algunas parecían estar listas para una boda. Yo parecía estar lista para limpiar un edificio de ocho pisos. Me quedé parada unos segundos en la entrada. Sofía me agarró de la mano. —Vamos, mami. —Sí, sí… —¿Qué pasa? —Nada. —Estás rara. —Estoy contemplando mi existencia. —¿Qué es eso? —Después te explico. Busqué un lugar al fondo. Uno estratégico. Donde pudiera convertirme en planta decorativa. No quería llamar la atención. Me senté, acomodé la cartera sobre mis piernas y respiré. Hasta que escuché unas voces detrás de mí. —¿Ella trabaja acá? —Creo que sí. —No, debe ser la mamá de alguno de los chicos. —Ah… Y después una voz dijo bajito: —Pobrecita, vino con el uniforme. Sentí que me ardían las orejas. No dije nada. Porque aprendí hace tiempo que hay batallas que no necesitan respuesta. Pero por dentro pensé: “Pobrecita tu educación.” Después respiré. No había ido ahí para competir con nadie. Había ido a ver a mi hija. Y eso era lo único que importaba. Comenzó el acto. La directora habló. Los chicos cantaron. Uno se olvidó la letra. Otro empezó a saludar a su papá. Una nena se puso a llorar. Otro niño se quedó completamente quieto mirando al techo como si estuviera teniendo una revelación espiritual. Todos reímos. Y entonces llegó el turno de Sofía. La vi caminar hacia el escenario. Mi corazón empezó a latir fuerte. Ella llevaba su pequeño papel en la mano. Se paró frente al micrófono. Miró a la maestra. Después miró al público. Y finalmente me miró a mí. Sonrió. Yo levanté la mano y le hice un pequeño gesto. “Estoy acá.” Entonces comenzó. —Hoy quiero decir un poema… Todo iba perfecto. Hasta que hizo una pausa. Y dijo: —Pero antes quiero hablar de mi mamá. Yo sentí que el alma abandonaba mi
¿Y si el tratamiento de la depresión está funcionando… pero el TDAH no te deja terminar de salir de ella? En algunas personas AuDHD, durante una depresión la procrastinación, la dispersión, la dificultad para iniciar tareas y la pérdida de estructura pueden convertirse en parte del problema: cuanto menos haces, peor te sientes; y cuanto peor te sientes, más difícil resulta hacer. Por eso, cuando la depresión mejora solo parcialmente, puede ser importante preguntarnos qué papel está teniendo el TDAH en mantener ese círculo. En algunos pacientes, tratar también el TDAH cambia el equilibrio: disminuye la dispersión y recuperan estructura, rutinas, orden y capacidad para ejecutar. Yo lo conceptualizo clínicamente como “polarizar hacia el polo autista”: no significa aumentar el autismo, sino favorecer características que ya estaban ahí y que, en ese momento, pueden resultar funcionalmente útiles. Este concepto de “polarización” es una hipótesis/modelo clínico, no un mecanismo demostrado científicamente. Y tratar el TDAH no sustituye al tratamiento adecuado de una depresión. #AuDHD #TDAH #Autismo #Depresión #psiquiatrarafaelrodriguez Bibliografía Shaw P, Stringaris A, Nigg J, Leibenluft E. Emotion dysregulation in attention deficit hyperactivity disorder. Am J Psychiatry. 2014;171:276–293. Lenzi F, et al. Pharmacotherapy of emotional dysregulation in adults with ADHD: a systematic review and meta-analysis. Neurosci Biobehav Rev. 2018;84:359–367. Raymaker DM, et al. “Having All of Your Internal Resources Exhausted Beyond Measure and Being Left with No Clean-Up Crew”: Defining Autistic Burnout. Autism Adulthood. 2020;2:132–143. Hollocks MJ, et al. Anxiety and depression in adults with autism spectrum disorder: a systematic review and meta-analysis. Psychol Med. 2019;49:559–572. Moulton E, et al. Systematic review of the relationship between executive functioning and emotion regulation in autism, ADHD and co-occurring autism and ADHD. 2026.
¿Y si el tratamiento de la depresión está funcionando… pero el TDAH no te deja terminar de salir de ella? En algunas personas AuDHD, durante una depresión la procrastinación, la dispersión, la dificultad para iniciar tareas y la pérdida de estructura pueden convertirse en parte del problema: cuanto menos haces, peor te sientes; y cuanto peor te sientes, más difícil resulta hacer. Por eso, cuando la depresión mejora solo parcialmente, puede ser importante preguntarnos qué papel está teniendo el TDAH en mantener ese círculo. En algunos pacientes, tratar también el TDAH cambia el equilibrio: disminuye la dispersión y recuperan estructura, rutinas, orden y capacidad para ejecutar. Yo lo conceptualizo clínicamente como “polarizar hacia el polo autista”: no significa aumentar el autismo, sino favorecer características que ya estaban ahí y que, en ese momento, pueden resultar funcionalmente útiles. Este concepto de “polarización” es una hipótesis/modelo clínico, no un mecanismo demostrado científicamente. Y tratar el TDAH no sustituye al tratamiento adecuado de una depresión. #AuDHD #TDAH #Autismo #Depresión #psiquiatrarafaelrodriguez Bibliografía Shaw P, Stringaris A, Nigg J, Leibenluft E. Emotion dysregulation in attention deficit hyperactivity disorder. Am J Psychiatry. 2014;171:276–293. Lenzi F, et al. Pharmacotherapy of emotional dysregulation in adults with ADHD: a systematic review and meta-analysis. Neurosci Biobehav Rev. 2018;84:359–367. Raymaker DM, et al. “Having All of Your Internal Resources Exhausted Beyond Measure and Being Left with No Clean-Up Crew”: Defining Autistic Burnout. Autism Adulthood. 2020;2:132–143. Hollocks MJ, et al. Anxiety and depression in adults with autism spectrum disorder: a systematic review and meta-analysis. Psychol Med. 2019;49:559–572. Moulton E, et al. Systematic review of the relationship between executive functioning and emotion regulation in autism, ADHD and co-occurring autism and ADHD. 2026.

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